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29 Sep

DIARIO DE OTRA REALIDAD - Favor - Parte 9

Publicado por Sergito  - Etiquetas:  #Historia: "Diario de otra realidad"

FAVOR

Parte 9

 

Nada.

Guardé de nuevo el trozo de papel en el bolso. Tantas cosas estaban pasando que necesitaba cualquier pista por mínima que fuera para tener alguna oportunidad de hallar una explicación a todo lo que estaba sucediendo. Una explicación. Sentía que me iba a volver loco de un momento a otro. Anastasio había aparecido, como si hubiese salido de un escondite que solo él conocía. ¿Lo sabía Judith? Ella vino ayer por la mañana completamente desplomada por la desaparición de su marido. Debería ir a verla y preguntárselo. Pero más tarde. Cuando me recobre un poco de esta sorpresa… ¿Y si no era verdad?

Necesito salir del piso.

Caminé por cientos de bocacalles, sin rumbo ni destino. No tenía ningún sitio en concreto. Los rayos del sol estaban bloqueados por las nubes grises, lo que daban a Murcia una imagen triste y melancólica. Pero eso no impedía que las calles se llenasen de vehículos y de personas a pié yendo de un sitio a otro, haciendo la vida de todos los días. Me encendí un cigarrillo, y aunque Sergito no estuviese en ese momento ahí, en mi cabeza se recreaba la típica escena de cada cigarrillo. Salí a un cruce, siguiendo la acera de la izquierda. Un hombre de aspecto y vestimenta pobre tocaba una pieza lenta clásica en un modesto violín. Era el primer violinista que veía ganándose el pan ofreciendo música por las calles. Siempre eran acordeones, guitarras, flautas, teclados… Por eso me sorprendió un poco. Me pidió algo de dinero. Le dije que no llevaba suelto. Entonces me rogó un cigarro, y con gusto le di un cigarrillo:

-          ¿De qué país es el violín? – Le pregunté.

-          Bueno no es gran cosa, es de China. – Respondió tímidamente.

-          ¿Me dejas probarlo?

El hombre vaciló un momento pero accedió finalmente y me lo prestó. Tiré mi cigarro antes de colocarme el violín. Hice un par de arpegios para comprobar la afinación. Estaba desafinado. Comencé a tocar el concierto en La menor de Vivaldi. Ajustando mis dedos de forma improvisada en la posición correcta para ese violín. La gente se quedaba mirando, si no era normal ver un violinista pidiendo limosna. Menos aún pedirle el instrumento a un mendigo para tocar un rato. Conforme pasaban los segundos, mi cuerpo se iba relajando, olvidándose de los nervios de estar tocando en medio de la gran Vía. El sonido de ese violín no era de calidad. Pero al fin y al cabo era un violín. Lo que me ayudó bastante para desconectar parcialmente de lo que estaba viviendo. Con cada nota mi cuerpo iba entrando en un estado de trance. Miré al mendigo, quien sonreía a modo de gustarle lo que estaba tocando. Seguí mi viaje astral por el camino del pentagrama de mi cabeza. Todo me daba igual ya. No había problema en mente en esos instantes. Estaba disfrutando del momento como si llevase sin poder hacerlo desde hace meses. Finalmente paré y volví a la realidad:

-          Toma, muchas gracias. Te deseo mucha suerte. – Le dije antes de seguir mi camino.

Tras alejarme unos pocos metros del mendigo, se me esbozó una amplia sonrisa de oreja a oreja. No sabía si era debido de haber hecho algo que nunca se me había ocurrido hacer, o si de verdad la música me servía como terapia para desconectar y dejar aparcadas las preocupaciones. En cualquier caso esta experiencia me abrió el apetito. Miré la hora del iPhone, las dos del mediodía. Fui a buscar un restaurante con un buen menú del día para comer.

El camarero me llevó hasta una mesa del fondo en el pequeño mesón, muy acogedor. Con mobiliario en madera rústica y paredes imitando piedras grisáceas. Tras pedir el menú, me encendí un cigarrillo para hacer tiempo. “¿Por qué necesitamos encendernos un cigarrillo cuando estamos aburridos o no tenemos nada que hacer? ¿Y por qué también lo hacemos cuando estamos a punto de iniciar una actividad que nos exige un poco de concentración y confianza en nosotros mismos? Es curioso que ambos estados sean contradictorios. ¿Por qué no fumamos en uno solo de esos estados como excusa para fumar?”. Entonces, ¿por qué narices fumamos tanto cuando estamos aburridos como cuando no lo estamos? Es sorprendente.”

Me desconcentró de mis pensamientos una mano saludando al fondo del restaurante. Miré a ver de quien se trataba y era Paula, la vecina que reside en la 6ª planta del edificio y  que conocí en la barbacoa. Venía con su marido, Paulo, quien también me saludó con algo de frialdad. Seguramente me recordará toda la vida por la opinión que le dije respecto a las pollas y las mujeres.

Tras terminar el segundo plato, que antes de convertirse en un cementerio de huesos había sido una tentadora fuente de chuletas de cordero con patatas fritas, salté del postré al café. Ya no me entraba nada más en el estómago. Me alegré cuando el camarero me confirmó que preparaban asiáticos. Mientras mezclaba el azúcar en el café con la cuchara, se acercó Paula a mi mesa:

-          Que aproveche el asiático.

-          Gracias Paula. - Sonreí - ¿Qué tal fue la comida?

-          Bien, ya nos íbamos, mi marido está en la barra esperando que le den el cambio de la cuenta. Le he dicho que mientras tanto iba a saludarte.

-          Qué alago – Respondí emocionado.

-           Si bueno, quería pedirte un favor, y no sabía en qué momento decírtelo.

-          Tú dirás, ahora puedes.

-          Bueno… no quiero que tengas un mal concepto de mí pero, me preguntaba si me podrías dejar leer alguna de tus historias eróticas… - Pidió tímidamente.

-          Claro que si, ¿por qué iba a pensar mal de ti?

-          No lo sé, pero le comenté algo a mi marido de broma y no le hizo nada de gracia.

-          Ya entiendo. Pero a mí no me parece mal que una mujer casada lea historias eróticas.

-          ¿De verdad? – Preguntó con emoción.

-          De verdad, el erotismo es un medio de comunicación corporal. Se puede aprender mucho, incluso puede acabar la monotonía con nuestra pareja en las relaciones sexuales. No tienes que verlo como algo impuro.

-          Si eso era por lo que más me interesaba… - Confesó.

-          No estáis pasando por una buena racha en la cama…

-          Ya sabes a lo que nos dedicamos, y créeme, a veces tengo que ser falsa delante de la gente para evitar peleas con mi marido.

-          Demasiado orgulloso…

-          Y además de celoso, es de los que tiene que tener la última palabra. – Sentenció.

-          “Vaya con el calibre veinte” – Pensé. – Bueno, pues cuando quieras te pasas por mi casa y te dejo algo.

-          ¿Puede ser esta noche? Mi marido no estará en casa y podré leer tranquilamente sin que me moleste.

-          Claro, no hay problema. – Le sonreí.

-          Gracias, bueno pues hasta luego a la noche. – Me devolvió la sonrisa.

Paula se alejó, eclipsando su inocencia tan castigada por los gritos lejanos de su marido.



No te escondas de quien te grite. ¡Abre los ojos y enfréntate!



Comentar este post

gran hermano 02/21/2012 20:35


menuda vecina mas lagarta

Laura | webcam sexo 11/25/2011 18:13


buen relato y gran blog

Virgy 09/29/2009 22:12


Hum, seguro k no era nada lo d ese papel? Estoy intrigada! ¬¬


Sergito 09/29/2009 22:19


xD Limítate a pensar ke solo es un papel


Acerca del blog

Entrar en mi Blog, es como encontrar cada noche y en el mismo rincón de un callejón sin salida, un baúl lleno de historias y pensamientos de un desconocido. Si lo abres con frecuencia, llegarás a conocerlo a través de sus palabras.