Friday 7 january 5 07 /01 /Ene 00:47

 

pagina 0He construido un castillo en la arena, con los cimientos que brotan de mis penas para que cada noche tengan dónde dormirse, y poder al fin forzar una sonrisa a las estrellas…

 

He caminado por un sendero de arenas movedizas. Intentado a cada paso naufragar de mis decisiones. Con mi alma pesada en alto para que no se hundiera, pero al final fue la primera que se vino abajo y me arrastró al fondo con ella. 

 

Cuentos de caballeros y princesas, menudo cuento. Los caballeros de enormes armaduras ya no están de moda, lo bueno nunca cambia, pero cierto es que los buenos nunca ganan. Por mucho que ese cuento me lo hiciesen ver, tantas veces que al final me lo creí, pero ¿por qué no me fijé en quién me lo contaba cada noche? Me pregunto. ¿Son las manos del diablo quien reparte las cartas para jugar esta partida? ¿Mi alma? No me digas que a quien trataba de llenar era el primero que a mí mismo me quería traicionar… 

 

Todo este tiempo preguntándome un por qué, pregunta tan sencilla, pero muchas veces difícil de responder. Recuerdo que logré subir a ciegas ese castillo de la arena, de peldaños destrozados, con los ojos vendados. Tiré desde las almenas que orientan al norte, ese sueño que portaba en mis manos desde hace tantos años… No podía ver nada y a saber dónde terminó, si al caer al suelo, se partió o voló en otra dirección. Destapé los ojos y al mirar mí alrededor supe que había nacido, que el peso que cargaba por fin se había extinguido. ¡Qué iluso en aquel momento!...

 

Ya no estaba ese sueño, ya no habría obstáculos en el camino que me impidiesen de una vez aprender a saber quién era yo, cosa que antes era imposible, porque nadie ni una vez me respondió; si no me responden, entonces era hora de responderme a mí mismo. Conociendo el pasado, aprendiendo en el presente y con ganas de comerme el futuro, logré gritar cada día esa frase que una vez elaboré: “¡No cedas jamás a la tentación! Cuán sonrisa de bebé mostraba mi interior… ¡Ahora sé quién era yo!”. Hasta que antes o después, ese sueño regresa porque sí. Nunca se te termina de partir. Asúmelo.

 

Soy el ejemplo para quien no quiera vivir en sufrimiento, pero no interesa en estos cuentos extraños. Soy el último tesoro que se puede descubrir. Pero cerrado con tantos candados y cerrojos que a nadie interesa abrir. Que causa más interés cerrado que abierto sin haber necesitado emplear ninguna llave.

 

Por dentro abierto, por fuera cerrado, tantos cálidos momentos de sentimientos fabricados durante los días de lluvia, en los que el alma me lo pedía a pesar mía, y que mis sombras desconocen, qué triste. La última que escribiré, ahora solo para mí, porque será la única que tendré la certeza de que me acompañará hasta que mis cenizas vuelen sobre el mar, al son de aquella serenata que de inocente escuché, y que todavía no he encontrado la familiaridad de sus melodías con mi vida. ¿Será de otra vida? No lo sé.

 

“Es mejor encender una vela que maldecir en la oscuridad”

 

Me voy a comprar cerillas, se me han terminado.

 

 

Por Sergio - Publicado en: Como te iba diciendo...
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