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12 Jan

DIARIO DE OTRA REALIDAD - La última copa - Parte 24

Publicado por Sergito  - Etiquetas:  #Historia: "Diario de otra realidad"

LA ÚLTIMA COPA

Parte 24

 

      Salí a la calle. Estaba lloviendo con mucha suavidad y las gotas me golpeaban con cuidado. Apenas me molestaban. Pero ver el agua caer me hacía recordar momentos que no me hacían gracia de volver a resucitar. Fui calle abajo, cambiando por primera vez la dirección por la que solía ir. Esta noche tenía ganas de perderme. Pasé por al lado de muchos bares. Pero en todos había mucha gente y un escándalo que era imposible para escribir. Acabé cruzando un parque enorme, muy bonito y bien cuidado.

      Avancé un par de calles, mirando por cada puerta de cada bar. Finalmente, encontré uno que me gustó para la ocasión. Tenía una amplia estantería al fondo de una pared entera como decoración, repleta de libros apilados y amontonados sin dejar un hueco libre. La barra ocupaba el centro del local, y las paredes estaban rodeadas de largos sofás y taburetes de piel barata con sus respectivas mesas redondas. Había gente, pero no se escuchaba alboroto ni música demasiado elevada. Decidí entrar.

      Busqué un sitio entre todos los sofás que pudiese tener un poco de espacio de intimidad. Una camarera me tomó nota. Cuando la miré me quedé algo perdido, pues me recordaba a una antigua compañera de un curso que hice de empleado de oficina hace ocho años. Por sus rasgos faciales me acordé de ella, y al imaginarla con ocho más, con la misma cara, pero con el pelo más largo, cambiado a rubio y el cuerpo más de mujer, pensé que se trataba de ella. Pero no.

      Me preguntó qué quería tomar, y le pedí un asiático.

      Mientras esperaba a que la chica me trajera el asiático, saqué los folios doblados y el bolígrafo y me puse a pensar sobre qué iba a escribir. Al rato, la camarera vino con el asiático, y al verme tan concentrado mirando los folios en blanco con el bolígrafo en la boca, no pudo resistirse hacer un comentario:

-          ¿Seguro que puedes concentrarte aquí para escribir?

-          Si, mejor que en casa desde luego. – Le sonreí.

-          No he visto a nadie venir por aquí con la intención de escribir.

-          Me gusta escribir. Cuando lo hago me olvido del mundo y es difícil que me desconcentre. Lo más difícil es empezar.

-          Ah… ¿y qué te gusta escribir? – Preguntó.

-          Pues historias, pensamientos personales, experiencias… cualquier cosa que tenga que ver conmigo mismo y que mi cabeza me pida a gritos que lo escriba.

-          ¿Como un diario?

-          No… no es contar mi vida, ¿cómo podría explicártelo?… Es como cuando vas a una  playa desértica a pasear, y mientras caminas, meditas sobre todas las cosas de tu vida. Tienes delirios, con cosas que suceden y cosas que no han sucedido y que quizás no sucederán nunca.

-          Si, ya entiendo lo que quieres decir.

-          Menos mal. – Le volví a sonreír. Ella me devolvió la sonrisa.

-          Bueno, sigo atendiendo mesas. Que está entrando más gente. – Se excusó.

      Traté de pensar, pero por más que lo intentaba no podía quitarme todo lo que estaba sucediendo con la muerte de Paula. Me dieron ganas de pedir un periódico y copiarme algún artículo. No tenía ninguna idea ni ganas. Me sorprendí de sentirme así, ya que siempre me ha gustado escribir, pero nunca lo había hecho por trabajo. Resulta muy diferente y más complicado. Pero ya me acostumbraré. Aunque no creo que vaya a durar mucho con este trabajo, porque en cuanto todo esto se solucione, sea como sea, me iré de aquí.

      Por fin me decanté por un tema y comencé a escribir como loco. Algunas veces me quedaba mirando fijamente a la camarera. En alguna de las veces me pilló. Y yo disimulaba pidiéndole una cerveza.

      Dos horas después, cuando me trajo la siguiente copa, me limpió la mesa de copas y me volvió a dirigir la palabra:

-          Empezaste con un asiático y cómo has ido subiendo… - Dijo en broma.

-          Si, esto es como una gráfica que va ascendiendo.

-          No si para ir calentando motores está bien.

-          Tanto escribir provoca sed.

      Cuando terminé de escribir, volví a pedirme otra copa. Tan concentrado había estado escribiendo que ni me había enterado de las cuatro consumiciones que llevaba. Entonces vi a la camarera con su chaqueta de color gris y su bolso negro. Ya se iba a ir. La miré con la tristeza que pone un pequinés. Ella se percató y se despidió con la mano:

-          ¿Ya te vas? – Le dije si alzar mucho la voz para que no me oyese bien. Ella se acercó y me volvió a preguntar.

-          Si, ya ahora hay poca gente y no me necesitan ya.

-          ¿Trabajas todos los días? – Pregunté.

-          No, yo solo vengo el mismo día a la semana.

-          Ah… bueno pues ya sé cuando tengo que venir, si sobrevivo. – Y me acordé de la policía.

      Ella se rió y simpáticamente ya se despidió. De pronto el iPhone empezó a sonar. Era Judith:

-          Sergio ¿qué tal? ¿Cómo va el asunto? ¿Has recibido algo nuevo del individuo? – preguntó Judith.

-          Si. He recibido hace unas horas un correo. Pero no me he atrevido a leerlo. Tenía mucho miedo de pensar lo que me podría decir.

-          Ya te entiendo. Pero mejor que lo abras. No vaya a ser que esto genere otro problema.

-          ¿Dónde estás? – Pregunté.

-          Estoy patrullando con el coche. Mi compañero ha entrado un momento a un bar para ir al aseo, y he aprovechado su ausencia para llamarte y saber cómo estaba el tema, no es plan de que lo escuche.

-          Claro. Bueno yo vuelvo ahora a casa, no podía estar allí y necesitaba salir. Cuando lea el correo te aviso.

-          Mándame un mensaje, en cuanto tenga otro rato que esté sola te llamo.

      La lluvia había parado. Aún así decidí acelerar el paso. Tenía que saber lo que me decía en ese correo.

      Me encendí un cigarrillo por el camino.

      Abrí el gestor de correo y tras unos segundos, abrí el mensaje sin darle más vueltas:

“Hoy he tenido un día de mierda. Como otro más. Necesito acabar de una vez con esta racha que llevo. Por eso vamos a tener que seguir por donde lo dejamos. Necesito divertirme un poco más. Antes de mañana quiero el dinero. Si no lo haces, mañana iré a la policía y revelaré la identidad de los correos que enviaste a Paula. Están tan tontos que se creen que es un asesinato como en las películas. Deja el dinero en tu buzón, la llave escóndela bajo la alfombrilla de la puerta de tu casa. Cuando lo hagas, me envías un correo. Y no se te ocurra planear nada o te mando al otro barrio sin que nadie se entere.”

      Los nervios me atacaron y llamé a Judith, sin acordarme que me dijo que le enviara un mensaje. Sólo tenía esta noche…



24 - ultima copa
El tiempo lo cura todo, o casi todo...


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Virgy 01/12/2010 21:49


Ains! lastima k no tenga dinero si no se lo prestaba a Sergio!


Sergito 01/12/2010 22:04


¬¬U gracias de todas formas... xD


Acerca del blog

Entrar en mi Blog, es como encontrar cada noche y en el mismo rincón de un callejón sin salida, un baúl lleno de historias y pensamientos de un desconocido. Si lo abres con frecuencia, llegarás a conocerlo a través de sus palabras.