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04 Mar

ENTRE EL ORO Y LA MUERTE - Escena 11

Publicado por Sergito  - Etiquetas:  #Historia: "Entre el oro y la muerte"


armas



      Se hacía de noche, y los colonos regresaban a Deadwood tras otra jornada buscando oro en Black Hill. El dinero que obtenían por las pepitas de oro, se lo gastaban en whisky, juegos y mujeres. Poca gente invertía el oro en algo que no fuesen vicios, solamente aquellas familias que su principal preocupación era poder salir adelante. Trabajaban muy duro cada día y así lograr la mayor cantidad de oro antes de que se ocultase el sol. Gastaban únicamente lo indispensable: el alquiler del la concesión del terreno, alimentos y pagar la habitación del hotel o la chabola en donde se hospedaban. Cuando reuniesen la suficiente cantidad de oro, podrían volver a sus lugares de origen, o montar un negocio en la ciudad. Era cuestión de tiempo, desde semanas para los más afortunados que tenían la suerte de encontrar gran cantidad de oro en las tierras alquiladas, hasta meses para los que tenían menos suerte con el terreno que habían elegido para explorar.

      Las calles se iban llenando de borrachos, y en los saloons no había espacio para que corriera el aire. Los hombres bebían, jugaban al póker, discutían sobre negocios, tonteaban con las damas de la noche con las que no tardaban en desaparecer hacia las habitaciones de la planta de arriba.

      Sergio y Paula alquilaron dos habitaciones en un hotel para hospedarse hasta que lograsen capturar a Gito y su banda. Paula no tenía suficiente dinero, y Sergio hizo el favor de ponerle gran parte del alquiler, además de pagar una cantidad extra para que permitieran a Juárez estar en la habitación:

-    Busca a Seth Bullock. Que te ponga al corriente del paradero de Gito. Mientras tanto, yo visitaré los saloons.

-    ¿Mande? Te agradezco que me pagaras la habitación, pero no me parece justo que tú estés de bares y yo mientras trabajando. ¡También tengo derecho a inflar! – Protestó.

-    Necesito encontrar a mi amiga. Hay varios saloons en todo el pueblo. Así que no voy a perder tiempo bebiendo.

-    ¿Y dónde nos vemos luego? – Preguntó Paula.

-    En el Nuttal & Manns.

      Decidió empezar por un extremo del pueblo e ir mirando uno a uno hasta encontrar a Judith. Nada más entrar en el primero, una mujer con un elegante vestido de seda color verde oscuro y una voluminosa pluma enganchada a su cabello, se le arrimó. Sergio trató de ignorarla, y echó un vistazo al abarrotado local lleno de borrachos que estaban pasándoselo en grande llenándose las venas de whisky. Los más formales eran los que jugaban al póker en las mesas mientras apostaban el dinero que habían canjeado gracias a las pepitas de oro encontradas en Black Hills:

-    ¿Quieres compañía para toda la noche? – Dijo para atraer la atención de Sergio.

      Al escucharla, no pudo evitar dirigirle la mirada. Le irritaba cualquier persona que se entrometiera cuando estaba ocupado, pero se alarmó al verla detenidamente, pues era una adolescente que apenas alcanzaba los veinte años de edad. Le dio pena por ella, ver como a tan temprana edad había acabado como dama de compañía. Sacó un cigarrillo, la adolescente se anticipó y le ofreció fuego de una pequeña caja de cerillas que llevaba escondida entre las tetas:

-    No, gracias. – Respondió cuando acabó de encender el cigarrillo.

-    ¿Estás seguro? Puedo hacerte la mejor mamada que te hallan hecho en toda tu vida… - Provocó.

-    Solo estoy buscando a una mujer. Se llama Judith, es morena con el pelo ondulado, y tiene los ojos verdes como tu vestido.

-    Lo siento, pero no hay ninguna que trabaje aquí con esa descripción. – Respondió ella.

-    Vaya. – Lamentó sin expresión. Rebuscó en el bolsillo del pantalón y sacó un billete de diez dólares. – Toma, guárdatelo para ti.

-    Señor, no puedo aceptarlo. – Respondió apurada. – Déjeme que le compense. Es mi obligación.

-    Si me prometes que no se lo darás a tu amo, la próxima vez que vuelva te daré suficiente dinero para que puedas buscarte otro trabajo.

-    Pero señor… - Trató de insistir.

-    Vamos, escóndetelo. Se te acerca un borracho buscando diversión. Ya volveré cuando termine un asunto. – Dijo antes de marcharse.

-    Gracias señor, que Dios le bendiga. – le deseó emocionada.

      Después de estar buscando y preguntando sin éxito en otros saloons, se fue hacia el único que le faltaba, el Nuttal & Manns. El ambiente era el mismo que en el resto de saloons. Con tanta gente dentro, no había manera de encontrar diferencias entre cada local. Si no fuese por la distribución de la barra, las mesas y los decorados, parecerían iguales. Pero lo que más le inquietaba, es que no había ni rastro de Judith en el último saloon que quedaba por comprobar.


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keti 03/08/2010 22:22


Me pareció delicioso el diálogo.
Respecto al foro no sé ni cómo empezar a hacer lo que me dices, mañana lo volveré a leer con detenimiento porque el Angelo Nero (enfurecido, soberbio y faltón) me distrae muchísimo.
Un cariñoso saludo


Sergito 03/08/2010 22:44



Si la ha tomado conmigo por lo que veo. No te preocupes cuando vayas a instalar el programa me avisas y te ayudo paso a paso, a ser posible sobre esta hora, que durante el resto del día estoy con
obligaciones y tengo cortos espacios de tiempo para contestar.


Un saludo 



Acerca del blog

Entrar en mi Blog, es como encontrar cada noche y en el mismo rincón de un callejón sin salida, un baúl lleno de historias y pensamientos de un desconocido. Si lo abres con frecuencia, llegarás a conocerlo a través de sus palabras.