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24 Feb

ENTRE EL ORO Y LA MUERTE - Escena 8

Publicado por Sergito  - Etiquetas:  #Historia: "Entre el oro y la muerte"

 

-    ¿Y a dónde iras? – Preguntó.

      Aiyana descansaba su cabeza sobre el brazo de Sergio. Ambos miraban la tranquilidad con que caía el agua por las montañas. Pensó detenidamente sobre la pregunta que le acababa de formular. Y se dio cuenta que en ningún momento había meditado sobre ello. Trató de hacerlo, preguntándose a sí mismo qué camino debería de tomar. Tenía muchos para elegir, pero no sabía cual le depararía un destino mejor. Ante la indecisión, no supo que responder:

-    No lo sé. Aún no lo tengo decidido.

-    Si no sabes dónde vas, cualquier camino te llevará allí.

-    No entiendo. – Dijo Sergio.

-    Lo importante es que no te alejes de la naturaleza de tu corazón. Si lo mantienes, llegarás a donde te aguarda el destino, tomes el camino que tomes. – Explicó Flor Eterna.

      Sergio no respondió, estaba de acuerdo que la vida daba a cada uno lo que se merece. Pero no siempre era así. Y no tenía más que poner de ejemplo a los Lakotas. Pueblo que estaba pereciendo sin ninguna razón bajo el poder del hombre blanco. No quiso entrar en debate sobre ello. Estaba a gusto y quería hacer grata las últimas horas que le quedaban antes de partir. Y qué mejor que con la compañía de Aiyana, la niña que más afecto había cogido durante sus tres meses en el poblado Lakota.  Cuando pensó en ella, recordó sus primeros días en el campamento, la pequeña Flor Eterna le tenía respeto por ser hombre blanco, y nunca se le acercaba ni le hablaba por miedo.

      Una noche, mientras paseaba por el campamento debido a la falta de sueño, la descubrió, atraído por el gemido de sus llantos. Aiyana estaba sola, escondida detrás de su tipi llorando en bajo. Al verse sorprendida por su presencia, se asustó y pensó en volver dentro de la tipi, pero ya no le daba tiempo. Sergio se percató de su miedo, y se sentó despacio a su lado para que viera que no le iba a hacer nada. Avergonzada, trató de esconder su tristeza. Sergio se puso a liarse un cigarrillo, y así hacer que ella se fuese acostumbrando a su compañía. Después, le preguntó por qué estaba triste. Se mantuvo callada, mirando hacia el lado contrario para evitarle. Entonces Sergio empezó a narrarle una situación en la que él estaba igual. Se sentía triste y también lloraba, y lo peor es que estaba solo, no tenía a nadie que le ayudase. Se dio cuenta entonces, que el mayor tesoro que uno podía poseer en un momento así, era contar con alguien que le escuchara. Tal vez una voz no resolvía la causa de su tristeza, pero le ayudaría a salir del pozo de la amargura en el que se iba sumergiendo por la soledad.

      Cuando ya no tenía nada más que decir, permaneció en silencio esperando a que Aiyana reaccionara. Ella se enjugó las lágrimas y habló en cuanto se liberó de la tensión que le oprimía sobre su pecho:

-    Echo de menos a Maralah. Era mi mejor amigo y queríamos ser novios cuando creciésemos.

      Maralah, cuyo nombre significa “nacido durante un terremoto”, era un muchacho que prometía ser un gran guerrero Lakota. Superaba dos años en edad a Aiyana, pasaban muchos ratos juntos y se podía intuir algo especial entre los dos aunque lo disimularan. Una semana después de la llegada de Sergio, calló enfermo a causa de la mordedura de una serpiente que le atacó mientras exploraba el bosque junto a otros compañeros. Las medicinas que le trataron para curarle y las prácticas espirituales, de nada sirvieron para arrojar un poco de esperanza sobre su estado. La suerte no le acompañó, el gran espíritu fue caprichoso, y por algún motivo, decidió poner fin a la vida de Maralah dos días después del accidente.

-    Sé que es triste. Yo he perdido a mucha gente que quería a lo largo de mi vida. Pero con el tiempo, lo acabas superando. Ya lo verás. – Le consoló Sergio.

-    Me siento sola. No tengo tanta relación con nadie como la que tenía con Maralah.

-    El gran espíritu no es perfecto. Tiene un lado bueno y un lado malo. A veces el lado malo nos da más conocimiento que el lado bueno. – Explicó Sergio.

-    No sé qué me puede enseñar esto. – Alegó desmotivada.

-    Con el tiempo lo sabrás.

      Aiyana había dejado de llorar, pero sus ánimos aún seguían por los suelos. Sergio la entendía perfectamente y más a su edad. Le siguió contando cosas, con tal de mantenerla distraída y que así olvidara su tristeza. Poco a poco, ella se iba volviendo más participativa y seguía con interés sus historias y experiencias que le había enseñado la vida. Su concepto hacia Sergio iba creciendo favorablemente, y disfrutaba con sus palabras. Encontraba otra fuente de sabiduría distinta a la de los Lakotas:

-    ¿Tienes hermanos? – Preguntó Sergio.

-    No. Pero mi mamá me ha dicho que para la entrada de primavera tendré un hermanito.

-    Me alegro mucho. Yo no tengo hermanos.

-    ¿Puedo serlo yo?

-    Claro que puedes. – Afirmó tras reír.

      A partir de esa noche, Aiyana fue distinta con Sergio. Su miedo había desaparecido completamente. Buscaba su compañía cuando éste acababa sus tareas después de un largo día de trabajo en el campamento. Ella encontraba en sus palabras la distracción, el apoyo y los consejos que necesitaba cuando tenía algún problema. El tiempo transcurría, y con el paso de los días se le fue aferrando hasta cogerle cariño. Siempre la escuchaba cuando acudía a buscarlo. Aiyana había encontrado un nuevo amigo en quien menos se imaginaba, y lo quería como un hermano mayor. Algún día, le tocaría a ella serlo.



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Acerca del blog

Entrar en mi Blog, es como encontrar cada noche y en el mismo rincón de un callejón sin salida, un baúl lleno de historias y pensamientos de un desconocido. Si lo abres con frecuencia, llegarás a conocerlo a través de sus palabras.