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22 Dec

DIARIO DE OTRA REALIDAD - Serenata el día que me entierren - Parte 20

Publicado por Sergito  - Etiquetas:  #Historia: "Diario de otra realidad"

SERENATA EL DÍA QUE ME ENTIERREN

       Parte 20
 

 

ojo rojo mariposa

 

Judith y Anastasio me invitaron a quedarme a comer con ellos en su casa. Fue algo que acepté y les agradecí. Anastasio se fue al trabajo, mientras que Judith y yo salimos por Murcia para comprar lo necesario para la comida. Nos paseamos primero un rato por las calles mirando tiendas para no tener que cargar con las bolsas durante todo el trayecto. Pasamos por el Corte inglés y compré el periódico en la tienda de revistas. Me hacía ilusión tener mi primera crítica publicada en un periódico:

-          Mira Judith, aquí sale la crítica que escribí. – Mostrándoselo tras encontrar la página.

-          Entonces ¿te dieron el puesto? – Preguntó mostrando alegría por mí.

-          Si. Aunque no es mucho lo que gano porque solo publico tres artículos por semana.

-          Bueno, poco a poco… - Respondió mientras ladeaba la cabeza para echarle mejor un vistazo a mi artículo. - ¿Del tabaco lo has escrito? – Preguntó con mucha curiosidad.

-          Si. Es un tema del que puedo hablar bastante.

-          Pero si tu fumas. ¿No parece eso como si te lanzaras piedras a tu mismo tejado?

-          Si, lo parece. Y de hecho lo es. Pero no me importa. No es un tema que evite o en el que me excuse con argumentos sin sentido del por qué fumo.

-          ¿Y por qué fumas? – Preguntó Judith.

-          Pues porque estoy enganchado, y por eso lo voy a dejar.

-          Eso es muy difícil. – Sentenció.

-          Si excusas de que el tabaco te ayuda psicológicamente en determinadas circunstancias, u otros motivos, claro que lo es, porque tendrás una razón para no dejarlo por miedo a que tu vida se vuelva un infierno. Pero cuando has conocido detenidamente a tu enemigo, y sabes que en realidad cualquier razón para seguir fumando no tiene sentido, la cosa cambia.

-          Vaya, vaya… Lo leeré detenidamente en casa. – Respondió sorprendida al no esperarse una respuesta así de un fumador.

-          Gracias, me hará ilusión que lo leas. – Respondí antes de pagar el periódico.

De regreso a casa, me volví a cruzar con aquel buen hombre que tocaba el violín en la calle para ganarse la vida. Al verme, me reconoció. Y sin ánimo de interés, me volvió a pedir un cigarrillo.

-          Te daré un cigarrillo si me dejas volver a tocar un poco el violín – Le dije simpáticamente.

-          Por eso te he pedido un cigarro. Porque quiero volverte a escuchar tocar el violín. – Me respondió.

Judith se quedó callada ante la sorpresa, pues no se imaginaba que yo tocara el violín. Le di un cigarrillo al hombre, tiré el mío que llevaba en la mano, aún sin terminar, y tomé su modesto violín. Volví a comprobar primero la afinación y esta vez sí me molesté en afinarlo, no sin antes decírselo, sin poner de su parte ninguna objeción.

Me quedé pensando unos segundos, eligiendo qué tocar. Me acordé de Paula, y me vino de golpe a la cabeza la Serenata de Franz Shubert. Me emociona demasiado esta serenata, y de hecho fue la que me hizo sentir preferencia por este compositor antes que por otros que han sido mucho más importantes. Porque es tan triste y a la vez tan emotiva, que el último deseo que quiero pedirle a la vida, es que esta sea la última melodía que “escuche” el día que me entierren.

 

 


Cuando terminé de tocar la serenata, del silencio volví de nuevo a la realidad: El sonido de los coches, la gente hablando, los ruidos de las obras, los gritos de los albañiles, la música en las tiendas de ropa… Tan solo Judith y aquel hombre cuyo nombre desconocía, supieron respetar mi momento. Pensé en Paula y mi corazón le dedicó este adiós. Tras unos segundos, mi expresión volvió de nuevo a la de siempre.

-          Muchas gracias de nuevo. – Le dije al hombre tras devolverle su violín.

-          Gracias a ti. – Respondió sin despegar una sonrisa.

-          ¡No sabía que tocabas el violín! – Exclamó Judith mientras retomábamos la vuelta a casa.

-          Sorpresa, me imagino. – Sonreí sin querer al sentirme un poco ruborizado.

Durante la comida, volvió a salir el tema de Paula. Yo me sentí un tanto incómodo tener que volver a escuchar el tema de la muerte. Pero era inevitable que no se hablara de eso. Solo habían pasado unas horas desde que descubrieron su cadáver.

-          El forense ha dicho tras la autopsia que llevaba muerta unas seis horas antes de que Paulo la encontrara. – Dijo Anastasio.

-          Es decir, aproximadamente, ¿desde las tres de la madrugada? – Contestó Judith.

-          Si, no recuerdo haber oído nada extraño, y su piso está justo encima del nuestro.

-          Pero si a esa hora ya estábamos en la cama, y para que tú te despiertes ya tiene que producirse un terremoto. – Le acusó Judith.

-          El caso es que no entiendo qué razón podría tener Paula para hacer algo así. Era una persona cuerda, no se la veía una persona enferma psicológicamente hablando. Y nunca había llamado la atención por comportamientos extraños. – Retomó Anastasio sin hacer caso del comentario de Judith hacia él.

-          Sergio, tú me comentaste que estabas cogiendo confianza con ella estos días. ¿Te dijo algo? – Me preguntó Judith.

Paré de masticar sin saber hacia dónde mirar, ni qué responder. Dejé los cubiertos lentamente sobre el borde del plato con la rebozada pechuga de pollo rellena y con patatas fritas. Cogí el vaso de agua y tras tragar, bebí un sorbo corto pero despacio, pensando mientras qué responder.

-          Solo llegó a decirme que no estaba bien con Paulo…

-          ¿En serio? Pues nunca han tenido ningún alboroto que diera muestras de que no se llevaran bien. – Se extrañó Judith.

-          Pero ya hay que estar loco para hacer algo así por ese motivo, hay miles de formas de poner solución a eso. Mejores o peores. Pero no hasta llegar a tal punto.

De pronto, mi iPhone empezó a sonar. Hice amago para sacarlo del bolsillo del pantalón, miré la pantalla y se trataba de un número desconocido.

-          Disculpadme…

-          No te preocupes. – Respondió Anastasio.

Me aparté unos metros para no estar hablando en plena mesa. Ellos siguieron comiendo aunque en silencio. Por lo que no disimularon muy bien su propósito de saber con quién estaba hablando. Apenas un minuto después, colgué y me volví a la mesa.

-          Era la policía… Tengo que ir mañana a comisaría. Quieren hablar conmigo por lo de Paula.

-          ¿Contigo? ¿Por qué? – Preguntó Judith con desconcierto.

-          No lo sé – Respondí preocupado.

“No lo sé”... Repetí para mis adentros.



ojo rojo mariposa
Alguien te observa... Alquien te quiere...



Comentar este post
G
<br /> muy buen relarto<br />
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V
<br /> Felices fiestas!! Espero k puedas encontrar choped a buen precio xDDDDD<br /> <br /> <br />
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S
<br /> Siiiiiii graciasssss igualmente!! (no por el choped xD)<br /> <br /> <br />
T
<br /> No, quieren saber que talla de gaiumbos gasta porque se han encontrado unos en la escena del crimen y pueden relacionarlo con el asesinato. :P<br /> <br /> <br />
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S
<br /> Eso dónde lo has escuxado?? Son fuentes fiables? tu estabas allí? kien te lo ha dixo? a cuanto está el choped esta navidad? Felices fiestas! xD<br /> <br /> <br />
V
<br /> Ah claro, como no se me habia ocurrido!<br /> <br /> <br />
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S
<br /> Si es keeee..... ¿ké es lo más típico preguntar por estas fechas? eh? ¬¬ xD Por cierto felices fiestas!!<br /> <br /> <br />
V
<br /> UoUo!! Por que querran hablar con Sergio??? Ke interesante!!!! estoy super enganchada a la historia xD<br /> <br /> <br />
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S
<br /> Para preguntale ke planes tiene en Noxevieja. La policía se aburre demasiado xD<br /> <br /> <br />

Acerca del blog

Entrar en mi Blog, es como encontrar cada noche y en el mismo rincón de un callejón sin salida, un baúl lleno de historias y pensamientos de un desconocido. Si lo abres con frecuencia, llegarás a conocerlo a través de sus palabras.