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01 Mar

ENTRE EL ORO Y LA MUERTE - Escena 10

Publicado por Sergito  - Etiquetas:  #Historia: "Entre el oro y la muerte"


armas



      Paula corrió a tranquilizar a su caballo que se había asustado por el ruido de los disparos. Juárez también se había alterado y no paraba de hacer ruidos agudos. En cuanto Paula lo acarició un poco, se calmó. La gente salió de sus escondites, sorprendidos de ver como una mujer había derrotado a un hombre en un duelo a muerte. Nadie sabía quién era, todos la miraban atónitos, resultaba extraño ver a una mujer que portaba y sabía manejar armas, ya que lo habitual era que se dedicasen a servir como amas de casa o se ganasen la vida prostituyéndose. El sheriff de Deadwood, conocido por Seth Bullock, apareció en esos momentos, se dirigió a Paula para saber cómo se encontraba:

-    Me han informado que había una pelea, lamento no haber llegado antes para poner orden. ¿Está usted bien?

-    Chévere, gracias. – Respondió pendiente más de su caballo.

-    ¿Puede decirme qué ha pasado?

-    Tuve problemas con ese hombre en un pueblo. Me ha seguido con la intención de matarme, y no he tenido más remedio que defenderme.

-    ¿Y a qué se debe su visita a Deadwood? No tienes pinta de buscar oro en Black Hills.

-    No. Estoy buscando a Gito.

      Sergio escuchaba disimuladamente la conversación. Cuando Paula mencionó a Gito, saltó su atención, y el corazón se le aceleró sensiblemente. Tenía otro competidor contra la caza de Gito. No le hizo ninguna gracia, pues ahora tendría un nuevo obstáculo que le obligaba a moverse deprisa si no quería correr el riesgo de quedarse sin los diez mil dólares. Pero no podía liquidarla así como así. No era esa clase de hombre que cuando había problemas, lo solucionaba todo con el revólver.

      Cuando el sheriff se fue hacia el cadáver de Thomas, Sergio se aproximó a Paula. Tal vez pudiese solucionarlo proponiéndole que se uniera a ella, pero tenía que averiguar primero hasta qué punto llegaban sus razones:

-    ¿Juárez es tu pollo? – Dijo sin presentarse. Paula brincó sutilmente del susto, no había percibido la presencia de Sergio cuando se paró a su espalda antes de hablarle. Ella se dio la vuelta sin darle importancia a su repentina aparición.

-    Simón. ¿Por qué? – Preguntó después de afirmar.

-    No tengo nada contra Juárez. Pero no creo que te sea de mucha ayuda para enfrentarte a Gito.

-    ¿Mande? No comprendo lo que quieres decir. – Respondió.

-    La invito a un trago. Estará sedienta de su viaje.

      Paula aceptó agradecida, y lo acompañó hacia el saloon en el que estaba comiendo antes de que ocurriera el revuelo. Su plato no lo habían retirado, así que se sentó y siguió comiendo. Sergio le pasó la botella de whisky, pero la rechazó:

-    Prefiero tequila.

-    Traiga una botella de tequila y otro plato de guiso para la mujer. – Pidió al camarero.

-    Paula, amigo. – Le aclaró con una mueca.

-    Sergio, amiga. – Respondió con donaire antes de llevarse la cuchara de madera a la boca. Tras un leve silencio, Paula mostró curiosidad por conocer el motivo por el que Sergio había acudido a ella:

-    Perdona mi indiscreción, pero me gustaría saber a qué se debe su interés en mí.

-    ¿Buscas a Gito? – Preguntó cuando terminó de tragar.

-    Igual y si. – Respondió Paula.

-    ¿Por qué? – Volvió a preguntar Sergio.

-    Motivos personales. ¡Sácatelas! ¿Qué sucede?

      Sergio calló durante un rato mientras seguía comiendo. Al ver que Paula no lo buscaba por el dinero le tranquilizó, y pensó de nuevo en la idea de aumentar el grupo para tener más posibilidades de capturarlo. Después continuó:

-    Nada. Solo que yo también voy tras de Gito. Junto a una amiga a la que tengo que encontrar primero.

-    ¿Cuáles son tus razones? – Preguntó Paula.

-    Diez mil dólares.

-    ¡Híjole! ¿Diez mil dólares? – Exclamó. El camarero apareció con un plato de barro lleno de guiso y la botella de tequila.

-    Diez mil dólares. – Volvió a repetir.

-    No pretendo que te choque, pero no voy a desistir por ti. Mis razones pesan más que diez mil dólares. Y voy a llegar hasta el final por encontrarle. – Y empezó a comer.

-    Tal vez te interese saber que no está solo. – Dijo tras comerse varias cucharadas del guiso.

-    ¡Qué chingado! No importa, lo encontraré.

-    Tiene a cuatro hombres, y todos rápidos.

-    ¿Estás intentando asustarme? – Preguntó con sospecha.

-    No, te estoy proponiendo que trabajemos juntos para encontrarlo.

      Paula dejó de comer y se quedó mirando a Sergio. Ella sola no iba a poder contra cinco hombres en total, cosa que desconocía hasta que Sergio se lo había dicho. Sabía que no le estaba mintiendo para que se olvidara de buscarlo, porque entonces no tendría sentido que le hubiese hecho esa proposición:

-    ¡Juega el gallo! - Respondió finalmente. Sergio la miró desconcertado al escuchar esa respuesta. – Que acepto, quise decir. Pero con una condición, a Gito me lo dejas a mí. – Aclaró.

-    De acuerdo. Será tuyo cuando llegue el momento.

      Ambos llenaron sus pequeños vasos de tequila y whisky, y brindaron antes de beber.

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Acerca del blog

Entrar en mi Blog, es como encontrar cada noche y en el mismo rincón de un callejón sin salida, un baúl lleno de historias y pensamientos de un desconocido. Si lo abres con frecuencia, llegarás a conocerlo a través de sus palabras.