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12 Sep

DIARIO DE OTRA REALIDAD - Humo ciega tus ojos - Parte 3

Publicado por Sergito  - Etiquetas:  #Historia: "Diario de otra realidad"

EL HUMO CIEGA TUS OJOS

PARTE 3

 

Salí de la ducha en busca de la toalla. Me llevé las manos a la cabeza. “Mierda… tengo toda mi ropa y las toallas en la maleta, ¿en qué estaba pensando?”. Esperé como un tonto de pié sobre la alfombrilla a que el cuerpo se fuera secando, cogiendo frío conforme pasaban los minutos. De pronto, el fono porta sonó. “¡Qué oportuno!... ¡Y yo en paños menores y aún sin secarme!”. No me quedó otra que volver a coger la ropa usada, cogí la camiseta y la utilicé como toalla improvisada. El fono porta volvió a sonar, agarré los pantalones y me los puse sin los calzoncillos. Me fui descalzo hasta la entrada y descolgué el fono porta.

-          ¿Quién es?

-          “Transportes Martínez”, le traigo su equipaje – Respondió un muchacho.

-          ¡Corra! ¡Suba rápido! ¡Que estoy desnudo! – Le ordené a la vez que le abría la puerta.

-          Bueno… mire… mejor le dejo aquí su equipaje, en el descansillo. Tengo mucha prisa… no es necesario que me pague, en compensación por las molestias que le ocasione. ¡Que tenga un buen día!

-          ¡Espere oiga! ¡Que no es lo que parece! ¿Oiga?... ¡Maldita sea!

Volví a entrar a casa con mi equipaje, afortunadamente no corrí ningún contratiempo serio. Solo con una anciana, que en cuanto me vio, empezó a gritar y a decirme que iba a llamar a la policía, que me iba a denunciar por exhibicionismo en un edificio público, no le hice ni puñetero caso, ya se sabe como son algunos mayores, que hablan y amenazan porque no les queda otra cosa mejor que hacer.

Tras deshacer toda la maleta y ponerme ropa en condiciones. Tomé nota de lo que necesitaba comprar para empezar a llenar la nevera y los armarios. Ando algo ajustado de presupuesto, tenía que amortizar por donde fuera: Albóndigas de bote, callos de bote, sopa de bote, cazuelas de bote, macarrones de bote, espaguetis de bote, paella de bote, ensalada de bote, cocido de bote, lasaña de bote, pizzas de bote… todo de bote. “¡Hasta el conejo en el bote!” – Apunté.

Mientras seguía anotando en el papel, sonó el timbre de la puerta. Fui a ver quién era. “Apuesto a que la vieja ha llamado a la policía” – Pensé. Abrí y me encontré con un hombre de cara simpática de mediana edad, fuerte y corpulento pero con algo de barriga cervecera:

-          ¡Hola! ¿qué tal? Soy tu vecino de al lado, mi mujer me ha dicho que te acabas de instalar aquí. Quería presentarme y darte la bienvenida, soy el presidente de la comunidad, me llamo Anastasio.

-          Mucho gusto Anastasio, yo me llamo Sergio – Y apreté los labios para contener la risa floja, por imaginarme a Judith gritando el nombre de Anastasio durante el coito.

-          Bueno, quería de paso aprovechar y decirte que esta noche hacemos una barbacoa entre varios vecinos en la azotea, por si te querías apuntar y así vas conociendo a más gente.

-          Claro, me encantará Anastasio.

-          ¡Estupendo! Supongo que no conocerás a nadie por aquí para charlar acompañado de unas buenas cervezas ¿verdad?

-          Supones bien Anastasio.

-          ¡Pues esta noche te vas a atiborrar a cervezas! ¡Y luego nos iremos de discotecas! – Añadió emocionado.

-          Va a ser genial, Anastasio.

-          ¡Pero deja de repetir tanto mi nombre joder! – Exclamó de broma.

-          Lo siento, tengo esa costumbre, es para evitar que luego se me olviden.

-          ¡Qué gracioso el tío! Me caes bien. Creo que nos vamos a entender. Me voy, no te entretengo más. Esta noche  súbete a la azotea a partir de las diez, la primera barbacoa te invito yo.

-          Muchas gracias. “Anastasio” – Riéndome por dentro.

Cerré la puerta, volví a repetir el nombre de Anastasio. Curioso simplemente. Lo repetí de nuevo, pero pensando en su mujer gritándolo en la posición de la Andrómaca durante el sexo. Y la risa floja me ganó. Se acaba de ganar un hueco en mi libro.

Recorrí todos los pasillos en el supermercado de El Corte Inglés, agregando de todo al carro, con la estrategia ahorro-tiempo: latas de comida, refrescos, platos y cubiertos de plástico, bolsas de basura, batidos de chocolate, bizcochos… lo justo y necesario para sobrevivir.

Me fui a la caja para pagar, la cajera con cara de jornada intensiva, me recibió con expresión de  amargada, recordé que alguien me dijo una vez que todas las cajeras siempre tienen cara de amargada, y ésta era una de ellas.

-          Mi tía es profesora de cocina – Comentó con indirecta.

-          ¿Y tú?

-          Yo no, pero sé cocinar- Se defendió mientras pasaba las latas por el escáner.

-          Me refiero a tu formación académica, ¿cuál es tu profesión verdadera? – Apunté.

-          La que ves aquí – Respondió.

-          Entiendo. Por cierto, ¿qué tal andas de puntería?

-          Bastante bien, ¿Por qué? – Preguntó con curiosidad.

-          Por nada. ¿Cuánto es todo?

Preferí guardar mi respuesta con tal de no correr el riesgo de ver una lata incrustada en mi cabeza. Y me volví a casa con las bolsas de la compra.

Me froté los ojos. Cinco páginas escritas sin parar. Ya estaba cansado de fijar tanto la vista en el portátil. Miré la hora y me levanté a buscar algo de ropa más acorde para la noche que me esperaba.

Subí a la azotea, no sin antes comprar un par de botellas de cerveza bien frías en la tienda de los chinos que hay al lado del piso. “Si me invita Anastasio, me sabría mal ir con las manos vacías”. Llegué, y el panorama no era como el de una fiesta de fin de curso de adolescentes, pero no estaba mal, había lo imprescindible: Música del verano, barbacoa para un regimiento, alcohol para  saciar la sed y mujeres para no dejar descansar la testosterona.

Anastasio, me recibió con los brazos abiertos, como si fuésemos amigos de toda la vida. Llevaba como unas veinte cervezas encima. Y se puso más contento cuando vio mis botellas, las cuales agarró y se las llevó a la mesa exclusiva para el alcohol. A continuación me presentó a todos los vecinos que habían asistido. A Judith la encontré portando platos de chuletas de cordero. Alegremente me saludó mientras se dirigía hacia la barbacoa. En ella se encontraba Carlos, quien había tomado el liderazgo de la barbacoa para que el resto pudiesen comer. Un tipo interesante, pero con el que no creo que tuviese muchas cosas de las qué hablar tras intercambiar algunas palabras, pues era un auténtico “friki”. Sacar a un friki al mundo real es como hablar con la pared. Estaba delirando mientras me contaba que de pequeño fue de los pocos afortunados que tuvo la suerte de ver el estreno de la primera película de STAR WARS. Allá por 1977. Se encontraba viviendo en los Estados Unidos y tenía nueve años. Tras salir del cine, encontró sentido a su vida. Eso me dijo. Sin comentarios, no quise discutir sobre el tema del sentido de la vida por si le rompía la emoción al chiquillo de cincuenta años. Dejé que siguiera con sus pinzas-láser poniendo la carne a punto.

También conocí a Paulo y a Paula, una joven pareja de cuerpos esculturales como los actores profesionales de las películas porno. No me equivoqué, ambos eran actores del género. Se ganaban la vida colgando sus videos en una página web para venderlos a los usuarios que quisieran descargarse los videos, así aprovechaban y se daban publicidad para poder llegar a participar en una película porno de verdad.

-          ¿Y qué tal lo lleváis? – Les pregunté.

-          Muy bien, se gana bastante, hay mucho salido por la red, y es muy divertido, sobre todo si es con una polla de veinte centímetros. – Dijo Paula.

-          ¿De verdad te mide veinte? – Le pregunté a Paulo.

-          ¡Por supuesto! – Respondió orgulloso. – ¡Que te diga Paula como le excita!

-          No lo dudo, pero apuesto a que mis historias le excitarían más que una polla de calibre veinte.

-          ¿Me estás vacilando? – Respondió Paulo mostrándose serio.

-          No, Paulo, solo quiero decir que las palabras y la imaginación sacian más el deseo en las mujeres inteligentes.

-          ¿Escribes novelas eróticas? – Preguntó Paula con un extraño interés.

-          Mentiría si digo que no.

Poco a poco fui conociendo al resto de la gente. La barbacoa estaba resultando bastante entretenida a la vez que sabrosa. Sonaban los éxitos del verano en el equipo de música que habían instalado. Conforme la gente comía y bebía, las conversaciones iban evolucionando a temas que preocupaban en la actualidad, provocando un sinfín de peleas por ver quien llevaba la razón. – ¡Por favor! No perdamos la compostura o acabaremos en el lado oscuro. – Se limitaba a decir Carlos tratando de poner calma. Pero ni caso le hacían.

Tras acabar las reservas de chuletas, morcillas, chorizos, y pancetas, la cerveza se fue reemplazando por los cubatas, cambiando así el rumbo de la fiesta a risas, chistes, bailes, y los  gritos de alarma que suelen decir todos los borrachos: “Eres un “tío” de puta madre, ya sé que te conozco poco “tío”… ¡pero eres el mejor “tío” que conozco!”.

Después de tomarme esa misma tarde cinco cubatas, y los que me tomé después de la barbacoa, mi estado no estaba que dijéramos en condiciones de beber más. Decidí distanciarme un poco del resto y me fui al mirador de la azotea para que me diese el fresco en la cara. Miré las ventanas abiertas de los edificios. Todas parpadeando con el destello de luces de cientos de televisores encendidos. Era como contemplar los edificios luminosos de Las Vegas, pero a la española.

-          ¿Eh? ¿Qué haces aquí tan solo? – Preguntó Judith apareciendo de la nada.

-          Evitando que se manifieste mi lado oscuro – Y me acordé de Carlos el “friki”.

-          ¿Tu lado oscuro? Oh… ¡qué miedo de verdad! – Simuló un gesto de terror.

Qué cambio de ver a la Judith de esta tarde con la de esta noche, tan aparentemente seria, tan sana que parecía. Con esa mirada misteriosamente dulce como la miel, enfrascada por su largo cabello ondulado y negro como la noche. ¿Por qué te presentas así cuando necesitaba estar solo?

-          Creo… que bebí demasiado… - Confesó.

-          Bienvenida al club – Respondí.

-          Oye… no me has dicho… de… qué va tu… libro. – Dijo hablando con torpeza.

-          Ni yo mismo lo sé… pero por increíble que parezca lo estoy escribiendo.

-          ¿Y de qué es?... ¿de misterio? ¿de amor? o como he escuchado por ahí ¿de sexo? – Rió.

-           ¿Tengo cara de salido? – La miré.

-          No… pero no sé lo que digo – Volvió a reírse. – Perdóname, es el Vodka. Creo que voy a irme a la cama, mi marido no me hace ni puñetero caso. ¡Qué hijo de perra!

-          Yo creo que me iré a trabajar.

-          ¿A trabajar?... ¿Ahora? – Respondió alucinada.

-          Sí, tengo que buscar ideas para el libro – Le aclaré. – ¿Sabes de alguna discoteca por aquí cerca?

-          ¿A sí… que te vas de caza?... Qué granuja… el escritor… tan modosito… que parecía…

Me encendí un cigarro, dejé el paquete de condones sobre el poyete.

-          ¿Es que fumas? – Preguntó sorprendida.

-          Nos acabamos de conocer… Mi novia se esperó unos meses para empezar con la tortura anti tabaco.

-          Pero yo no soy tu novia… - Respondió.

-          Entonces, ¿de qué te preocupas?

-          Yo… no me preocupo… bueno si… no, a ver… - Miró la caja de condones, y al percatarse, pasó de la duda, a la incertidumbre. - ¿¿Y por qué llevas los cigarrillos en una caja de condones??

-          Algún día te lo diré. – Dije sin ganas de dar explicaciones. Cambié de tema y retomé por donde nos habíamos quedado. – Bueno, ¿me dices alguna discoteca o tengo que patearme Murcia a ciegas?

-          No te lo voy a decir. Vamos a ir. – Contestó.

-          Gracias, pero prefiero ir solo. Trabajaría mejor sin tener que estar pendiente de nadie.

-          No me dices de qué va tu libro, ni por qué llevas los cigarrillos en una caja de preservativos. ¿Crees que te lo voy a poner yo tan fácil?

Alarma, chantaje de la vecina se avecina.

-          Muy bien, se lo preguntaré a otro… - Le respondí sin lamentos.

Me giré y no quedaba nadie, todos se habían ido a dormir. Miré la hora, las dos de la madrugada. Miré a Judith con cara de haber recibido un jaque mate.

-          Te cojo un cigarrillo. – Me sonrió victoriosa, y nos pusimos en camino.


El humo ciega tus ojos. No te deja ver, más alla de lo que tu mente se imagina...


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L
<br /> pues yo quiero vivir en esa escalera, jijiji<br />
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T
<br /> Maravillosa historia a mi  tambien me intrigan los globitos!! ;)<br />
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V
ke weno, despues del drama las risas xD x cierto toy intrigada con la caja de condones xD
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Acerca del blog

Entrar en mi Blog, es como encontrar cada noche y en el mismo rincón de un callejón sin salida, un baúl lleno de historias y pensamientos de un desconocido. Si lo abres con frecuencia, llegarás a conocerlo a través de sus palabras.