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13 Sep

DIARIO DE OTRA REALIDAD - El ángel y el beso - Parte 4

Publicado por Sergito  - Etiquetas:  #Historia: "Diario de otra realidad"

EL ÁNGEL Y EL BESO

Parte 4

 

Judith me llevó a una discoteca que estaba muy cerca del piso, apenas cinco minutos. Un par de gorilas con traje negro controlaban la entrada. No nos pusieron impedimentos para entrar. La discoteca no era muy espaciosa, ya que hacia forma de “L”, y más porque estaba completamente llena. La música no era ninguna novedad, la misma de todos sitios. Pero me llamó la atención el gran número de mujeres que había. Mujeres que no te cruzas por la calle, mujeres que no están en las paradas de autobús, mujeres que ni siquiera te encuentras en las cafeterías. Eran simplemente, mujeres de la noche. Todas encerradas en jaulas de barrotes fabricados de un material llamado: hombres.

-          ¡Bueno señor escritor! ¡Elija usted el sitio que le resulte más cómodo para trabajar! – Dijo Judith elevando el tono por el volumen de la música. – ¡Si quieres te ayudo a ligarte alguna! – Añadió burlonamente.

-          ¡No vengo a ligar, me basta con observar! – Apunté.

-          ¡Vale, vale! ¡Pues al menos busca un sitio que no hayan tantos sementales mirándome el escote!

Le miré descaradamente su escote. Elevado, firme y generoso, pero sin exagerar dentro de lo razonable. Me soltó una suave colleja y replicó:

-          ¡A ver si tu también vas a ser uno de ellos!

-          ¡Solo quería comprobar si tenían motivos para mirarte el escote! – Me excusé.

-          ¿Y tú qué crees? – Preguntó impaciente.

-          Pues creo que debería de volver a mirar porque no me has dejado tiempo suficiente.

-          ¡Eres un guarro!

Nos fuimos a la barra del fondo a la izquierda. Era la zona que me daba mejor sensación en mis planes. Tratamos de hacer hueco para llegar a nuestro destino. Le abrí paso a Judith para que fuese delante, así sería más fácil. Era perfecta para apartar por arte de magia “las ramas” que nos impedían adentrarnos en la “jungla”. Me daba lástima que no fuera consciente, pero qué otra cosa podía hacer. Llegamos por fin a la barra. Le eché el ojo a una de las dos camareras que servían copas. Cuando pasaba la que no me decía nada, por muy buen tipo que tuviese, fingía mi intención de pedir mi White Label con Cola de siempre. Yo quería que me sirviera el ángel, y digo ángel porque iba completamente a conjuntada de blanco, con unos pantalones elásticos ajustados, y una camiseta de licra tan ajustada que le oprimían los pechos, cuales trataban de buscar salida por el escote. Más su largo cabello rubio amarillo alisado de plancha. Su cara poco expresiva pero no seria, le hacía más bella e interesante. De pronto sentí que las mujeres de la noche ya no eran ni si quiera mujeres de la noche, eran mujeres decorativas.

Me sirvió la copa, también una Coca Cola que me había pedido Judith, la pobre ya no podía ni oler el alcohol para evitar que le dieran arcadas. La miré a los ojos cuando me dio el cambio, se me escapó una sonrisa sana, ella me la devolvió, y siguió su bucle. Judith, no paraba de llamar mi atención para que me fijase en las chicas que pasaban. “Si, no está mal. Si, está bien. Demasiadas tetas. Cara de buscar un tío cachas. Quítale el maquillaje y me lo dices después”. Eran mis veredictos con todas. Judith protestaba porque me veía tan poco expresivo. Se preguntaba si es que no tenía buen gusto para elegir o que yo era especialmente exigente. Nada de eso, todas son guapas, pero cuando se me mete una en la cabeza las demás desaparecen.

-          ¿No estarás pensando en “trabajar” conmigo?

-          Descuida... – Respondí sin apartar la vista del ángel.

Cuando ella me miraba, yo desviaba la mirada, tenía reflejos suficientes para hacerlo sin que se percatara de que la observaba. Era muy continuo. Gracias a eso, Judith no se pudo imaginar del por qué todas me parecían nada del otro mundo.

Pasaban los minutos, Judith estaba perdiendo la paciencia:

-          ¿Cuándo vas a empezar a trabajar? Me estoy empezando a aburrir.

-          Estoy trabajando – Mirando rápidamente mi copa sin alterar la expresión.

-           ¿Sí? ¿Y de qué va tu libro? ¿De ejercicios para el cuello?

-          ¿Sabes? Lo tendré en cuenta si no consigo elaborar una historia que me satisfaga.

Un joven medio borracho, atlético y fuerte, de unos veinticinco años de edad se acercó a Judith, le dijo algo al oído y ella hizo un gesto de negación con la cabeza. El tipo volvió a preguntarle algo, y respondió de la misma manera. No sabía que le estaría preguntando, pero lo cierto es que por la cara de seriedad que le iba naciendo a Judith me temía que no sería nada bueno. El joven seguía con las mismas. Me dio rabia e impotencia. Ya me conozco esas caras de los borrachos que buscan cortejar con alguna. Caras adormiladas, sonrientes como hienas estúpidas, recortando distancias en cada amago de aproximación sin permiso de la víctima. “¡Se acabó!”. Me aproximé más a Judith sin bajarme del taburete y le estampé un beso largo y despacio, justo en la comisura de su labio derecho. Desde la perspectiva del borracho parecía un pleno beso en los labios. Judith brincó de la sorpresa que no se esperaba. Sus ojos se quedaron como platos. Lo noté por cómo se tensaban sus mejillas No sabía qué hacer. Rodeé con mi mano suavemente su cintura pero con firmeza, para que no  hiciese amago de rechazo y se fastidiara el truco de cortarle el rollo al borracho. Su piel comenzó a relajarse poco a poco hasta que percibí que sus ojos también estaban cerrados como los míos. Había comprendido mi plan y me siguió el juego. Ella me daba pequeños mordisquitos en el labio inferior. Suaves. Muy despacio. Uno detrás de otro.

En cuanto noté que el aire corría a nuestro lado, abrí los ojos mirando de reojo de forma inquisitiva por si todavía no le había quedado claro. El joven había desaparecido. Hice amago de incorporarme, pero el suave mordisco de Judith cobró fuerza para retenerme. No puede ser. Sus ojos seguían cerrados. Los míos como platos. Ahora era al revés. Se bajó del taburete y me cogió suavemente mis manos con las suyas. Sus labios desde la comisura de los míos caminaron muy despacio hacia el interior. Muy despacio. Por cada milímetro que se recortaba para que  encajasen como dos piezas, el calor y mis nervios aumentaban. Traté de reaccionar, pero estaba hechizado. Empecé a sudar más. El calor se hacía cada vez más intenso.

Finalmente, me besó.



Cierra los ojos, todo está a tu alcance. Abre los ojos, ya no te lo crees



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M
<br /> woooow esto esta que arde<br />
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C
<br /> Terminando con un beso seguro que viene mas!! gracias por compartir con nosotras<br />
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V
Grrr... se pone interesante la historia xD
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N
en verda es una historia que no aburre y voy pillando muy buena onda conforme voy leyendo ^^, esta muy bien relatada y tiene muxos puntazos, sigue asi cielo :D, sigue haciendola asi de interesante, o incluso mas. Besosss.
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Acerca del blog

Entrar en mi Blog, es como encontrar cada noche y en el mismo rincón de un callejón sin salida, un baúl lleno de historias y pensamientos de un desconocido. Si lo abres con frecuencia, llegarás a conocerlo a través de sus palabras.