DIARIO DE OTRA REALIDAD - Pasado de Paula - Parte 11
PASADO DE PAULA
Parte 11
Durante la cena, Paula me contó bastantes cosas sobre ella misma y de su vida antes de empezar la relación de pareja con Paulo. Nació y se crió en Tenerife hasta los 14 años. Después se trasladó con su familia por el trabajo de su padre que prestaba servicio en el ejército. Paula es hija única. Cuando llegó a Murcia, se matriculó en la Universidad de Psicología. Consiguiendo buenos resultados durante los tres primeros años. Pero un duro golpe de la vida le destrozó su futuro prometedor. Sus padres fallecieron en un accidente de avión. Se vio obligada a abandonar la carrera y buscar trabajo enseguida para poder sobrevivir por su cuenta. Estaba completamente sola. No tenía a nadie que la pudiese ayudar. No le quedó más remedio que sacar partido de su edad y de su cuerpo para empezar a trabajar de gogó en discotecas de poca reputación. Consiguió aguantar 6 meses peleando por su orgullo y por no ensuciar su imagen para no caer en las trampas de los mafiosos que la querían meter en el mundo de la prostitución y de las drogas. Ganó suficiente dinero y empezó a pagar el alquiler de un nuevo piso más modesto que en el que vivía antes con sus padres. En una zona barriobajera de Murcia.
Aún logrando salir a flote con su vida de una manera humilde, la mafia que frecuentaba la zona nocturna donde Paula trabajaba, seguía con su propósito de persuadirla por adueñarse de su belleza, de la que podrían sacar mucho dinero por su cuerpo veinteañero. Pero ella sabía mantener su orgullo y personalidad, y más en esos momentos que poco a poco estaba viendo la vida de otro color. La mafia empezó a perder la paciencia, y dieron paso a las amenazas. Noche tras noche. Primero fueron los avisos para intimidar, luego amenazas donde se advertía que su vida corría peligro si no consideraba la proposición. Después llegaron a seguirla en cuanto salía del trabajo a altas horas de la madrugada hasta dar con su domicilio y hacer un abuso mayor y constante de las amenazas. Por teléfono, correspondencia, hasta con daños materiales en la casa. Paula estaba cada vez más desesperada y asustada. Sus ilusiones por salir adelante estaban siendo pisoteadas delante de sus narices sin poder hacer por razones obvias nada por impedirlo.
Fue así como conoció a Paulo, un joven alto y musculoso con cara de pocos amigos, que cogió una plaza como portero en una de las discotecas donde trabajaba Paula. Sé fue percatando de la situación por la que estaba pasando Paula a través de lo que él mismo veía y de los comentarios que escuchaba de los clientes. La mafia la estaba hundiendo la vida.
Con el paso de los días, la relación de compañerismo entre Paula y Paulo se fue convirtiendo en una amistad. La confianza entre ambos empezó a estrecharse. Una noche, Paula no pudo aguantar más la presión que llevaba aguantando desde hace semanas, y estalló a llorar como nunca antes había hecho. Paulo la abrazó con fuerza para consolarla y que se sintiera protegida. “Vente a vivir conmigo y podrás empezar una nueva vida desde cero”. – Le dijo Paulo.
- “Vente a vivir conmigo y podrás empezar una nueva vida desde cero”. Fue lo que me dijo Paulo. – Paula hizo una pausa con su relato, para centrarse en mover la cuchara dentro del asiático y así volver a sentirse en el presente. No había parado de hablar desde que trajeron los entremeses. Su historia era realmente triste, pero era un encanto escucharla hablar. Dejé que retomase la historia cuando ella viese conveniente. Pero el mutismo entre ambos hacía que el silencio se fuese volviendo insoportable.
Decidí romperlo por su bien, por el mío y por el de la velada.
- La verdad, deja sin palabras escuchar una experiencia así. Solo puedo decir que siento mucho que te hayas topado con tantos momentos difíciles sin merecerlo. Y que tienes mi admiración y mi mayor respeto por haber conseguido salir sola adelante. Me alegro mucho de que Paulo hubiese aparecido en un momento de tu vida tan crucial como el que acabas de contar.
Paula no apartó la mirada del asiático. Dejó lentamente la cuchara sobre el borde del plato. Cogió con delicadeza pero con precaución el vaso de cristal para evitar quemarse. Bebió un pequeño sorbo. Sus ojos se quedaron mirando hacia la nada. Como si aún estuviese consumida en su mundo. En su pasado. Suplicando que alguien le gritase: “¡Despiértate ya!” o se vería imposible hacerlo pos sus propios medios. Aún siendo consciente de cómo estaba actuando. Desplacé mi silla y me puse a su lado contiguo de la mesa. La cogí de la mano libre que tenía descansando en su regazo y se la agité suavemente para que reaccionara de su estado sin llegar a asustarla.
Paula reaccionó.
- Al principio, como en todas las parejas. Todo es muy bonito. Después, cuando eres consciente de la realidad, y empiezas a darle mayor importancia a los defectos de tu pareja, es cuando surgen de nuevo los dilemas. Y más si son problemas que te arrastran de nuevo a lo que tanto peleaste por huir en el pasado.
- ¿Qué quieres decir? – No entendí bien qué quiso decir.
- No te lo puedo decir. Tu vida correría peligro también. No debes saber nada. A veces la ignorancia hace un efecto más beneficioso que la curiosidad.
- Me gustaría poder ayudarte, necesito que me lo digas para saber cómo. – Supliqué.
- Ya me estás ayudando bastante. – Y me sonrió, a la vez que deslizaba con mimo sus dedos por el contorno de mi cara hasta la barbilla. – Bastante. No te preocupes Sergio – Concluyó.
Salimos del restaurante. Finalmente pagamos la cena a medias, porque yo traté hacerlo antes que ella. Pero entre las peleas y las bromas de ambos por imponer cada uno su decisión, al final lo resolvimos en que ni para ti ni para mí.
Paula había cambiado de humor con respecto al de la cena. Ahora estaba más bromista y risueña. Abierta a reírse con cualquier tontería que le dijera que le hiciera gracia. No es que antes no fuera ella misma. Solo que estaba conociendo su persona cuando tenía que mostrarse seria. La última que todos solemos conocer en las personas, era la primera que yo estaba conociendo de Paula. Por eso ahora me resultaba tan extraña y desconocida su manera de actuar. Se había pasado casi 3 horas de la cena hablando con esa personalidad. Y de repente nada más terminar, su naturaleza se vuelve a transformar en una persona que brillaba por su madurez compaginada con su simpatía cálida y tranquila. Una persona que no se quejaba de lo injusta que era la vida. Tenía la creencia de que su destino ya estaba escrito, aunque no lo conociera, y que por eso todo lo que sucediera lo aceptaría. Todas esas conclusiones las iba deduciendo conforme la escuchaba hablar y opinar sobre sí misma y sobre la vida.
La lluvia había amainado bastante, pero agradecía seguir con el paraguas abierto con tal de llevar a Paula abrazada a mi brazo como una niña que intenta protegerse tras el cuerpo de su padre. Era fuerte cuando no tenía a nadie. Pero le gustaba mostrarse débil conmigo. Seguramente porque me había cogido confianza. Y porque como toda mujer, a veces necesitaba sentirse protegida. Eso es algo que también echo de menos, sentir la necesidad de proteger a alguien. Por eso, en aquellos momentos me sentía feliz. Aunque no sirviese para nada por las circunstancias de cada uno, pero estaba volviendo a sentir cosas que tanto echaba de menos. Paseamos toda la acera larga de la avenida. Callejeamos por plazas y calles hasta llegar a la zona de la universidad. Me dijo de tomar una copa en uno de los muchos pubs que había por esa zona. Accedí encantado.
Pasaron casi dos horas. Salimos del bar acalorados entre las risas y el alcohol. Era el momento de ir poniendo rumbo a casa. Teníamos como veinte minutos de camino. En ese tiempo no sé por qué reinó el silencio. Tal vez del cansancio. Tal vez porque ya no teníamos nada más que decirnos. Tal vez porque estábamos a puntos de despedirnos. Tal vez por el hecho de que me abrazaba, me dejaba ausente de la realidad.
Las dos de la madrugada, en cinco minutos llegaríamos a nuestras casas:
- Sergio…
- ¿Uhm?
- ¿Puedo dormir esta noche contigo?
No digas nada... No pienses en nada... Sólamente disfruta el momento...