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01 Oct

DIARIO DE OTRA REALIDAD - Fornicare est pecatum - Parte 12

Publicado por Sergito  - Etiquetas:  #Historia: "Diario de otra realidad"

FORNICARE EST PECATUM

Parte 12

 

Entré en casa y cerré la puerta muy despacio, suspiré mientras me dejaba resbalar de espaldas contra la madera hasta acabar de cunclillas. Me llevé las manos a la cabeza. “¿Qué acabo de hacer? ¡Lo tuyo no tiene nombre!”

Abrí el armario de la cocina, cogí la botella de vino tinto y me serví una copa, la llené hasta el borde. “No trates de excusarte, lo echo hecho está”. Me bebí media copa de un trago. “Está bueno, pero eso no cambia nada. No trates de remover cualquier detalle en el que esconderte por  la postura que has tomado”.

Busqué una película en mi estuche porta Cd. Trainspotting. Perfecta para la ocasión. La mejor película Británica, y personalmente entre las ciento una mejores películas de la historia del cine. La única película que me he comprado en edición especial. Llevo una copia grabada a todas partes para evitar un disgusto con los discos originales. La dejé preparada en el reproductor de DVD mientras terminaba de acomodarme. Miré a Sergito, me había olvidado por completo. No estaba en el sofá. Me extrañó bastante, incluso me empecé a asustar. Busqué por todas las habitaciones, pero ni rastro. “Eres un cabrón, ¿qué pretendes ahora?”

Llamaron suavemente a la puerta. Abrí y entró Paula con una bolsa grande:

-          ¡Hola! Ya estoy de nuevo contigo. He traído mi pijama y ropa para mañana. – Dijo en voz baja por las altas horas de la madrugada.

-          Genial – Le sonreí por no llorar.

Paula dejó sus cosas en un rincón de mi habitación. Como no teníamos sueño, y en mi casa tenía pocas cosas con las que pasar el rato, le propuse ver la película de Trainspotting. Ella la conocía como: “la película de los yonkis”, pero nunca la había visto, nada más que había escuchado críticas de la película. Por lo que no puso impedimento en comprobar si era tan buena como decían, a pesar de tener unos personajes tan míseros que no inducían a primeras atractivo a la película.

Al principio de la película, en los créditos, mientras Mark Renton y su compañero escapan de los guardias de seguridad, Paula dejaba apoyar su cabeza contra mi hombro, igual que cuando paseábamos bajo la lluvia. Conforme pasaban los minutos, ella iba acomodándose más en mí. Como si fuese un peluche, un cojín enorme o algo así. Se arrastró más y subió los pies para dejarlos recogidos en el espacio vacío del sofá.

Pasó aproximadamente un cuarto de hora de película y Paula no pudo evitar hacer su primer comentario personal hacia uno de los personajes, aparte del de la escena del wáter, del que nadie se queda indiferente.

-          Dios mío, qué mal me cae Frankie. Es el típico líder que se cree mejor que nadie y además orgulloso hasta el punto de usar la violencia si las cosas no salen como él quiere.

-          Incluso a sus amigos los lleva acojonados y hacen lo que Frankie les ordena porque no tienen el mismo carácter.

-          Me recuerda a mi marido… - Confesó Paula.

-          No digas eso anda.

-          ¿Te crees que me quedo a dormir en la casa de cualquiera porque me siento como alguien sin prejuicios?

-          Yo no he pensado eso Paula. Pero comparar a tu marido con Frankie, es como decir que tienes un  marido psicópata.

-          No sabes nada, algún día te lo contaré. Ahora prefiero disfrutar de esta noche.

Llegaron las escenas fuertes tras la discoteca. Mi corazón se aceleró por la situación. Deseé que las escenas de sexo se transformaran por arte de magia y perdieran el grado de atención de las últimas treinta veces que las había visto. Pero no, no perdieron ni un ápice de intensidad, cogieron más, que es peor. Deseando lo imposible por que no hiciesen el amor. Que no follaran. Que se fuese la luz. No, eso podría ser peor. Que el láser saltase a otra parte del disco, lo que fuese. Pero no, mientras suplicaba entre dientes: “Que no hicieran sexo, ¡que no hicieran sexo!...”,  aparecía de repente Diane botando como una posesa, follándose descontroladamente a Mark. Ese momento dura exactamente tres segundos, pero para mí fueron treinta. Por fin pasaron los tres minutos de rollos y sexo de todos los personajes principales, y volví a respirar.

En un momento dado, Paula se levantó con la excusa de ir al aseo. “¿Otra vez?” – Pensé – “Ya podrías haber ido cinco minutos antes para evitar el apuro con las escenas de sexo”.

Tardaba más de la cuenta. Aproveché y fui a buscar dos copas de vino tinto. Cuando volví al sofá, le pregunté si se encontraba bien, y me respondió que sí, que en enseguida se incorporaba de nuevo.

Al fin regresó. Y me quedé con la boca abierta en cuanto la vi aparecer por el pasillo, con un camisón corto de seda y color marfil. “¿Qué estás haciendo loca?”.  Se excusó en que necesitaba ponerse más cómoda. Tras beberse toda la copa vino, volvió a acomodarse de nuevo como antes, subió  sus pies esta vez desnudos al sofá. Luciendo inevitablemente parte de sus piernas que se mostraban tras el camisón. Le notaba más su piel contra la mía. Podía sentirla y describirla al detalle con solo palparla con lo primero que pillara. Cogió mi brazo y me hizo rodearla hasta su hombro para facilitarle que se acurrucara más hacia mí. El contorno de su cara ya descansaba sobre mi pecho. La atraje más con el brazo y le di un beso en su pelo rubio. Ella respondió con un gesto agradecido y cariñoso, restregando su cabeza sucesivas veces contra mí. Peiné con la otra mano, que descansaba hasta entonces en el reposabrazos,  su corta melena. Deslizaba mis dedos estirándole suavemente los mechones desde la raíz hasta las puntas que le descansaban sobre su cuello. Paula cerraba los ojos y sonreía. No decía nada. Yo tampoco. ¿Qué iba a decir? Metió su mano por debajo de mi camisa y subió lentamente, masajeándome todo el torso. Se detuvo cuando llegó a la zona del corazón:

-          Te late rápido el corazón. ¿Estás nervioso?

-          Más nervioso estaba en las escenas de sexo de Trainspotting – Dije para restarle importancia.

-          ¿Puedo confesarte algo? Echo de menos sentir como se hacía el amor.

-          Y yo confieso que echo de menos saber lo que es sentir el cuerpo de una mujer.

Paula me miró, me sonrió ampliamente como si le hubiese regalado el mayor deseo de su vida, y me besó una y otra vez, con ternura y suavidad, sin dejar espacio para que mis labios se pudiesen escabullir. Se sentó de lado, encima de mi regazo, estirando completamente sus piernas a lo largo de todo el sofá. Sus manos se deslizaron por mi cuello, rodeándolo y aprisionándolo suavemente entre sus dedos anquilosados como candados. Continuaron bajando por mi espalda. A la vez que mi mano le sujetaba la suya por dentro del camisón para que le sirviera de respaldo y estuviese más cómoda. Mientras, mi mano libre le masajeaba, apretando y deslizándose por sus frías y suaves piernas. Paula aferraba más mi pecho contra el suyo. Respiraba cada vez con mayor fuerza. Fui subiendo poco a poco. Sin dejar caliente ni un solo rincón de cada uno de sus muslos por el calor que desprendía la palma de mi mano y de mis dedos. Me detuve en sus ingles. Paula comenzó a jadear por la zona en la que se encontraba aparcada mi mano. Barrí haciendo medio anillo con el índice y el pulgar por el contorno de su muslo para deslizarla más adentro. Paula jadeó más fuerte. Cada vez estaba más cerca de su sexo. Pero volví atrás y cambié de dirección para subir por su vientre como el rastro de una serpiente. Llegué a sus pechos completamente desprotegidos. ¡Por fin volví a comprobar cuál es el mejor tacto que ha dado la naturaleza! Imaginaba bajo el camisón, gracias a mis caricias, la forma y el volumen de sus pechos. Si ya me gustaban con solo tocarlos. En cuanto los viese ardería Troya. No tardó Paula en sentir mis deseos, se apartó los finos tirantes del camisón, dejándose éste resbalar lentamente a la velocidad que por inercia inducían sus curvas. No tardé un segundo, tras verlos, en lanzarme a por ellos. Eran preciosos. Comencé a besarlos con toda la suavidad y la delicadeza que me permitía mi excitación. Paula trató como pudo de desabotonarme la camisa para desprenderme de ella. Por las dificultades que le estaba dando, cuando por fin lo consiguió, la usó juguetonamente para secarse toda la laguna de besos y lametones húmedos que había dejado en ambos pechos. Masajeándoselos lentamente, haciendo vaivenes descaradamente para que viera como se contorneaban a juego con su traviesa sonrisa. Finalmente, y a petición de mis reacciones, lanzó la camisa lejos y volvió a besarme, esta vez con más fuerza y devoción, matando de asfixia cualquier cosa que se interpusiera entre nuestros labios. Estaba más hambrienta a pesar de la buena cena que nos habíamos metido. Tras un largo beso finalizándolo con un fuerte chasquido de ambos labios. Me suplicó que volviese por donde me había quedado. Refiriéndose a su sexo. Cumplí sus órdenes, la hice sentarse, mirándome de frente, con las rodillas una a cada lado de mis muslos. Fui directo y sin rodeos a la zona. Le acaricié su pelvis hasta comenzar a pasar por encima de sus bragas húmedas del calor y la excitación. Colé mis dedos por donde primero pillaron, produciendo un sobresalto en Paula de la sorpresa. Tenía la vagina más mojada que la ropa interior. Primero le introduje lentamente el dedo índice para asegurarme de que no le dolería. Soltó un rápido y ligero grito, exclamando un seguido: “¡ay si!...”. Se lo saqué lentamente mientras se retorcía sobre sí misma. De nuevo entré, pero ahora con dos dedos.

-          ¡Joder qué bien! – Exclamó con un grito aún mayor.

Fui subiendo la velocidad gradualmente y sin parar. Paula decidió entrar en combate antes de que fuese tarde para ella. Me desabrochó con torpeza y desesperación los vaqueros. Al tiempo que se volvía a retorcer conforme le metía completamente y sacaba despacio mis dedos de su vagina. Estuve a punto de meterle tres dedos, pero teniendo en cuenta en la posición en la que estábamos, pensé que iba a ser un tanto incomodo y más arriesgado para hacerle daño. Así que de nuevo volví a introducirle dos dedos pero acoplando el pulgar a la acción para que se encargara de masajearle el clítoris haciendo círculos sobre éste.

-          Mierda… eso no vale… déjame que yo también quiero… darte un escarmiento. Dijo entre gemidos y respiraciones profundas y entrecortadas.

-          ¿Tú no querías que hiciésemos el amor? – Le recordé.

-          El amor, no la guerra, cielo. – Y me bajó los pantalones como una loca a la más mínima oportunidad que le concedí un respiro.

Paula apartó como pudo mis calzoncillos y sacó mi pene que ya estaba erecto. Comenzó a masturbarme muy deprisa y con fuerza, para dejarme incapacitado lo antes posible, haciendo el mayor recorrido que podía desde la base hasta la punta. Ahora era yo el que estaba cediendo terreno y cayendo en sus armas. Segundos después, se quitó de encima de mí, se alejó un poco, me dio la espalda y comenzó a bajarse las bragas para quitárselas, mostrándome a posta su buen trasero. Volvió a mí con una sonrisa de maldad, se puso de cuclillas y empezó a hacerme una mamada. Yo toqué literalmente las estrellas cuando vi que se la metía entera en la boca, reteniéndola y liberándola poco a poco. Centímetro a centímetro. Tras lamerla de arriba abajo sucesivas veces y dejarla completamente brillante de la humedad, se lanzó a por el glande, succionándolo de menos a más, provocándome a una agonía de placer incalculable. Como unos calambres que tomaban el control de cada una de mis extremidades. Le supliqué que parase o me iba a dar un infarto del placer:

-          ¡Para para Paula! ¡No sigas que me va a dar algo!

Ella hizo caso omiso a mis súplicas, por lo que tuve que sacar fuerza de lo imposible y atacar igual que antes su vagina. Ella se rindió ante la tortura y se detuvo. Apartó mi mano y se quedó mirándome fijamente a los ojos. Avanzó sin apartarme la mirada. De nuevo se subió encima de mí. Me besó de nuevo y sin despegarse buscó mi pene sin dejar de decirme con la mirada cerrada que estaba deseosa de hacer el amor conmigo. En cuanto tuvo mi miembro en su poder, lo situó justo debajo de su sexo, rozando sus labios de entrada, y comenzó a clavárselo muy despacio. Al grito que hasta los sordos la habrían oído. Mi pene notaba todas las paredes de la vagina húmedas y calientes. Efectuando anatomías que mataban de gloria cada vez que ella se levantaba y se dejaba caer. Se apoyó sobre el respaldo del sofá, aferraba su cuerpo más al mío cada vez que subía, pegándome a la cara sus firmes pechos, y despegándolos cuando bajaba de golpe. Marcando el ritmo con gritos continuos en cada uno de sus movimientos. Al rato comenzó a ir más deprisa, cada vez más deprisa. Sus movimientos pasaron de ser largos y profundos, a ser rápidos y sucesivos. Hacia adelante hacia atrás. Yo la agarraba del trasero para frenarla o me iba hacer que me corriese en cualquier momento de verla como una loca en celo gritando y suplicando más. Pero ella me apartaba las manos para seguir con esa tortura placentera, alternando el movimiento de arriba a abajo, y contoneándose en círculos lentos pero bien definidos.

-          ¡Por Dios Paula no te desfases tanto o me voy a correr!

-          ¡No puedo! ¡No puedo! ¡Tienes que aguantar por favor! – Dijo con gritos al cielo.

Si no podía por las buenas, lo haría por las malas. Busqué concentración de donde pude y lancé mis dedos a por su clítoris, frotándoselo con fuerzas que ya ni sabía de dónde sacaba y con la rapidez de contraer los músculos del brazo. Reaccionó al instante:

-          ¡Tramposo! ¡Eso no vale! Me vas a dejar sin fuerzas…

-          Si no quieres ser buena yo tampoco lo voy a ser – Le respondí sin dejarle respirar el clítoris.

Paula miró hacia el techo con los ojos cerrados, guardó silencio, mientras retenía la respiración, concentrándose en el masaje mientras se agarraba con más fuerza al sofá y sus muslos se apretaban más fuertes contra mí. De pronto, comenzaron a temblar descontroladamente:

-          ¡Sigue sigue sigue sigue sigue!… ¡que me voy!... ¡que me voy!... ¡No te pares por favor! ¡Ya! ¡Ya! ¡Ya!... ¡Joder que gusto!...

-          ¡Joder que caliente y mojada la noto! ¡Madre mía!

-          ¡Otra vez! ¡Quiero otra vez! – Pidió Paula tras recobrar la respiración.

La cogí en brazos como una princesa, mientras su vagina seguía goteando  los flujos descargados por el primer orgasmo. Me la llevé a la habitación y la acosté sobre la cama. Le hice el amor en la postura del misionero, con sus piernas levantadas descansando sobre mis hombros. Le sucedieron al mismo tiempo varios orgasmos más que le provoqué mientras se lo hacía lo más rápido que me permitía el cuerpo.

-          ¡Joder como me encanta! – Gritó de placer – ¡Quiero en otra postura más!

-          Uhm… ¿Cuál te apetece ahora? – Pregunté.

Paula se dio la vuelta y se puso a cuatro patas como un perrito, o una perrita mejor dicho. Reposó la cabeza sobre el colchón, sin despegar sus ojos de los míos,  levantó su trasero arqueándolo con suma flexibilidad y se aferró agarrando con fuerza las sábanas:

-          Móntame... – Y sonrió.

Me emocionó tanto de placer escucharlo de esa manera, que recobré fuerzas para ya la recta final de aquella experiencia. Me arrimé a ella de rodillas. Le separé bien los glúteos para ver bien antes de volver a penetrarla. Ella volvió a gritar en cuanto la notó entera dentro. Apreté de nuevo su trasero hacia el centro, para comprimirle más el interior y que así la notase mejor. Sus gritos y jadeos mostraban que eso le estaba gustando mucho. Comencé de nuevo a meterla y sacarla. Despacio al principio. Desde la punta hasta la base. Entera completamente. Fui acelerando, procurando no desaprovechar nada sin dejar de meter y sacar. Paula gritaba y suplicaba que siguiera, que no parase. Para sorpresa, empezó a masturbase  ella misma. Me agarraba primero los testículos y después deslizaba su mano hasta su vagina para frotarse con desesperada velocidad su clítoris. Yo paré para no dificultarla con tanto vaivén de su cuerpo hacia adelante y hacia atrás de manera contundente. Y me erguía sobre su espalda para llenársela de besos y susurrarle cosas bonitas y excitantes al oído:

-          ¡Ay!... ¡Qué bobo eres cielo!... ¡ya! ¡ya! ¡ya! ¡Me voy otra vez! – Avisó rápidamente.

Me apresuré para seguir haciéndole el amor mientras se corría, volvía una y otra vez a notar mi pene caldeado como una sopa del calor que desprendían sus eyaculaciones. A mí eso me encantaba. Porque era un cambio de temperatura brutal que producía mucho placer. Empecé a notar los avisos de que en cualquier momento me iba a correr yo también.

-          ¡Fóllame más! ¡Fóllame más! ¡Venga no te pares! – Deliraba Paula.

-          El amor Paula, el amor – Le recordé entre jadeos de cansancio.

-          ¡Da igual! ¡lo que sea! ¡No sé ni lo que digo! ¡Dame más rápido por favor!

Aceleré de una manera casi inhumana que hasta temí por si me daba un tirón muscular con la fuerza que estaba ejerciendo en las piernas. Los chasquidos húmedos provocados por el golpeteo de mi pene contra su vagina mojada se iban haciendo cada vez más repetitivos y escandalosos. Con el fondo de los gritos y los jadeos que producían nuestros cuerpos fusionados, y el inevitable ruido del colchón de la cama. Hacían del momento  el mayor concierto más rápido y rítmico que jamás había escuchado. Ya no podía más, no tenía más recursos para aguantar ni un segundo más, contemplar ese cuerpo que me había dado la oportunidad de volver a sentir el mejor placer que da la vida aumentaba mis ganas de soltar fuegos artificiales. Ya me iba a correr, la volví a agarrar de las caderas para que no se resbalara, y sacaba la poca fuerza que me quedaba para consumirla de golpe en los movimientos más rápidos que había dado en toda la noche.

-          ¡Me corro Paula ya no puedo más!

-          ¡Oh si! ¡Dios! ¡sí! ¡sí! ¡sí! ¡Cómo se nota! ¡Cómo se nota!...

De lo único que me pude percatar en cuanto recobré el sentido, fue que estaba durmiendo en la cama con una mujer, abrazada y acurrucada a mi cuerpo. Tapados con una manta por el frío del amanecer.


En mis sábanas siguen las manchas de lo nuestro, no las he cambiado hasta que no vuelva tu cuerpo...



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M
<br /> menudo polvazo!! yuhuuuu<br />
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M
<br /> Obviamente la calidad se debe a la buena argumentacion contextual no? Vaya no creo que nadie pueda negarlo :P<br /> <br /> <br />
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S
<br /> Supera con creces esos relatos pornográficos ke suelen haber en las páginas porno y ke se limitan a contarlo todo con el mayor vocabulario obsceno posible. ¡Hay ke currárselo más! xDDDD<br /> <br /> <br />
M
<br /> Muy bueno! Uno de los mejores capitulos hasta la fecha<br /> <br /> <br />
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S
<br />  Gracias! ...¿¿Por ké sera?? <br /> <br /> <br />
V
<br /> Para cuando la continuacion??<br /> <br /> <br />
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S
<br /> No lo sé. Tal vez esta noxe retome de nuevo, necesitaba unos dias de relax xD<br /> <br /> <br />
V
<br /> GENIAL! TREMENDO!! Ke gran escritor, si señor!!<br /> <br /> <br />
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S
<br /> gracias... <br /> <br /> <br />

Acerca del blog

Entrar en mi Blog, es como encontrar cada noche y en el mismo rincón de un callejón sin salida, un baúl lleno de historias y pensamientos de un desconocido. Si lo abres con frecuencia, llegarás a conocerlo a través de sus palabras.