CUENTOS DE CABALLEROS Y PRINCESAS III - Promesa
Sé la angustia que se puede llegar a sentir cuando eres consciente de que estás a punto de morir y no puedes hacer nada para impedirlo… Nada puedes hacer.
Estás maniatado con cadenas, y no puedes romperlas porque serías malo. No tienes más opción que suplicar un milagro, a la vez que no desistes en seguir luchando mientras miras como tus sentimientos son profanados, y la luz que hace brillar tus ojos se está olvidando de alumbrarte. Pero no puedes hacer nada porque serías malo.
El tiempo atormenta tu fe, pasan los días y nada puedes hacer porque serías malo. Tan solo ahora puedes pelear contra tus propios fantasmas. Los ves ¿verdad? Ellos creen que no, que no eres capaz de verlos. Pero si lo dices, serías malo. Es una impotencia terriblemente dolorosa que te está consumiendo poco a poco al tiempo que esperas el momento de sentir la estacada final.
¿Oyes ese silencio? No te gusta oírlo, porque te sientes solo. Todo el mundo se marcha y tú te quedas solo. Arrinconado en un lado de tu lecho de cada noche, pensando... hasta que finalmente aparece una compañera. Esa compañía que nace desde tus ojos y calienta tus mejillas. Tan lentamente que los segundos brillan por su ausencia. El frío se manifiesta gradualmente en el resto de tu cuerpo, aviva la nostalgia de unos momentos que se quedaron en palabras. Te encojes como un ovillo para protegerte del propio dolor que transmiten tus sentimientos. Y asaltan preguntas donde no conoces las respuestas. La única respuesta que obtienes es un húmedo suspiro de tristeza.
No llores, comprendo cómo te sientes ante un momento así. Pero, aún puedes hacer algo. Escúchame con atención, porque te lo voy a decir con un susurro…
Ahora que ya sabes mi secreto, es el momento de que salgas de esa tumba de lamentos. Está abierta, ahora sí que está abierta. No te quedes más tiempo contemplando cómo su techo se mugre y se adhiere lentamente hasta que se quede cerrado para siempre…
Válgame Dios… Qué mal aspecto tienes. ¿Qué te ha pasado? ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo? No digas nada y ven conmigo…
¿Sabes una cosa? Te has olvidado de quién querías ser. Te hiciste una promesa a ti mismo, pero con el tiempo, has vuelto a caer en el sitio que te corresponde. Y sigue y sigue persiguiendo esos sueños. Está claro que es imposible que dejes de ser así, necesitas ser así. Tus pensamientos y sentimientos van cogidos de la mano.
Deja de culparte y no llores, todo lo que ocurre tiene un por qué, pero ahora no es el momento de que lo entiendas porque sería hacer trampa. ¿Verdad que tú no sabes qué es eso?
En fin...
Ahora regresa de nuevo a tu lugar, pero prométeme una cosa...
Prométeme que jamás volverás a olvidarte de quien eres.
Prométemelo…