DIARIO DE OTRA REALIDAD - ¿Estas seguro? - Parte 21
¿ESTAS SEGURO?
Parte 21
Me presenté en comisaria sobre las diez de la mañana, anuncié el motivo de mi presencia al joven policía que había en la entrada. Él se encargó de darle parte al jefe de policía que pasaba cerca portando unos documentos. El jefe de policía me saludó y me dijo que esperase un momento mientras avisaban a quien tenía que hablar conmigo. Tras unos minutos, el jefe de policía apareció por el extenso pasillo y me guió hasta un despacho. Dentro había dos policías vestidos de paisano, cada uno en una mesa, uno al lado del otro. El de la mesa que tenía a mi izquierda tendría unos treinta años, era moreno y tenía una barba cuidadosamente recortada. Su compañero de mesa era algo más mayor, tenía el pelo castaño claro y muy recortado, sus ojos claros imponían respeto. Fue quien me invitó a sentarme en la silla que había frente a él. Lo primero que hicieron fue tomarme todos mis datos personales. Tras terminar, pasó a las preguntas relacionadas con Paula.
- Sergio, ¿conocías a Paula personalmente?
- Si. – Respondí.
- ¿Desde hace cuánto tiempo que os conocíais?
- Apenas una semana, llevo poco tiempo viviendo aquí.
- ¿Y qué tal os llevabais?
- Bien… muy bien.
- ¿Estás seguro? – Insistió el policía.
- Si, si. – Respondí sin entender bien el motivo de preguntármelo de nuevo.
El silencio se apoderó de la habitación por unos instantes. El policía repasaba unos papeles, mientras su compañero lo miraba de reojo a la espera de la siguiente pregunta.
- ¿Puedes decirme cuándo fue la última vez que hablaste con Paula y sobre qué?
- Bueno, ayer por la noche salimos a tomar unas copas. Ella… estaba triste, y tenía problemas personales. – Traté de explicar sin dar detalles.
- ¿Qué clase de problemas personales? – Se interesó el policía.
- Pues… Problemas con Paulo, su marido. No era feliz. Me decía.
- ¿Hasta qué hora estuvisteis juntos?
- Pues, no lo sé exactamente, habíamos bebido algo de más, nos recogimos cuando ya no teníamos ganas de seguir bebiendo. No me percaté de la hora.
- ¿Una hora aproximada?
Me estaba empezando a poner nervioso, yo sabía que no tenía nada que ver con lo que sucedió anoche, pero me empecé a asustar por si ellos tenían una teoría distinta que me pudiera acusar de mentiroso si no respondía a lo que ellos esperaban oír.
- No sé… La una de la madrugada o quizás un poco más. Pero es que no estoy seguro.
De nuevo volvió a reinar el silencio, el compañero del policía que me estaba interrogando, lo rompía en voz baja con alguna duda respecto a los asuntos que estaba haciendo en su ordenador. Él le prestaba atención, dejándome respirar unos segundos. Cuando terminaron de hablar, se volvió hacia mí. Abrió una carpeta y comenzó a buscar entre una pila de papeles:
- Paulo, el marido de Paula, lo conoces ¿verdad? Sospecha de que no fue del todo un suicidio voluntario. Sino que se trataba de un suicidio empujado por un chantaje. Él dice que hay una persona metida en esto. Nosotros aún no tenemos el diagnóstico de la autopsia completamente definido, ya que aún no hemos comprobado si hubo alguna clase de violencia que demostrara que fue un asesinato, como nosotros pensamos que fue. Y no un suicidio. Pero ayer, Paulo, nos entregó unas pruebas que nos obligan comprobarlo antes de ir descartando.
Me quedé sin habla. No sabía qué decir. ¿Cómo han podido averiguar que se podría tratar de un chantaje emocional? Tras unos segundos, quieto como una piedra, reaccioné:
- ¿Podría saber en qué se basa Paulo para pensar eso?
El Policía me extendió un folio con un texto impreso, para que lo pudiese leer. Conforme lo leía mis manos empezaban a sudar y a flojear. Sentía hasta que me ponía blanco de la falta de aire que recibía en mis pulmones, incluso notaba mareos que aumentaban tras cada línea que terminaba.
- Paulo se metió ayer en el correo de Paula, y encontró cosas que podrían tener mucho que ver. Nos trajo ayer el portátil de Paula para que analizáramos e investigáramos los correos. Por si nos pudiesen servir de pista. – Explicó el policía mientras leía.
“No te voy a decir quién soy. Sólo debes saber que sé donde pasaste toda la noche y con quien. Debería darte vergüenza. Poniéndole los cuernos a tu marido mientras que él está fuera de casa. No se lo merece. Por eso te aviso de ante mano de que te acabas de meter en un buen lío. Si no quieres que se entere tu marido, te recomiendo que te quites la vida si no quieres poner en peligro también la de Sergio. Hablo muy en serio, tú y yo sabemos que tu marido está loco, y que si se enterase de esto, terminaría de perder completamente la cabeza y no dudaría en hacer una locura. Piénsalo, pero tienes poco tiempo, y recuerda que está también la vida de otra persona en juego.”
Tras terminar, le entregué el folio al policía, y volvió a hacerme otra pregunta:
- ¿Tienes idea de quién puede haber escrito este correo?
- No. – Respondí.
- ¿Estás seguro?

No te preocupes tanto por la vida, si el final nadie lo puede cambiar