DIARIO DE OTRA REALIDAD - Impotencia - Parte 16
IMPOTENCIA
Parte 16
No me lo podía creer.
Una hora después, el iPhone comenzó a sonar. Número desconocido. Era la misma voz de la mujer del anuncio para trabajar en el periódico. Me concertó para una entrevista a las seis de la tarde en la dirección que me indicó. Por fin una oportunidad para trabajar, estaba tan desesperado, que a pesar de toda esta experiencia, logré esbozar una sonrisa.
Me preparé para comer una lata de callos.
Después de comer, estuve escribiendo un par de horas, solo pude escribir una página, tan despacio escribía, pensando en muchas cosas a la vez. Noté que mi forma de escribir se iba volviendo más pesimista. “Quien te conozca bien, sabría que algo te pasaba en esos momentos, pero ya no te quedan ni pocos para que lo adivinen”.
Preparé la ropa que me iba a poner para la entrevista antes de afeitarme y meterme en la ducha. Después salí a la calle y le pedí al primer taxista que encontré que me acercara a la dirección.
Llegamos a la fachada del edificio, le pagué al taxista el importe y entré. Tras decirle el motivo de mi visita a la chica que había en la primera mesa, me pidieron que esperase unos minutos en unos asientos que habían al lado de la puerta principal. Esperé unos minutos. Un hombre de unos cuarenta años, con traje de chaqueta color ceniza, salió de un despacho, se dirigió a la mesa de la chica a la que me había dirigido antes. Tras intercambiar unas palabras el hombre se dirigió a mí, se presentó como Matías, a la vez que me estrechaba la mano, y me invitó a pasar a su despacho.
- Bueno Sergio, dime, ¿cuál es el motivo por el que te interesa trabajar para un periódico?
- Me gusta mucho expresarme escribiendo.
- Veo que en tu currículum figura que has trabajado para algunas revistas de asociaciones.
“Mentira”
- Si. Estoy colaborando en un sindicato, soy el responsable de un departamento de juventud. Y por ello tengo relación con muchas asociaciones, las cuales me invitan a participar en sus periódicos y revistas escribiendo artículos referentes a mi departamento.
“Casi verdad”
- ¿De qué trata vuestro departamento? – Preguntó Matías.
- Pues nuestro departamento va dirigido principalmente a la gente joven. Como punto de información sobre diversos temas como trabajo, sexualidad, formación… así como promover a los jóvenes mediante actividades extraordinarias como viajes, concursos, charlas, etcétera.
“Verdad”
- Muy bien… Has estudiado informática, no tendrás entonces problemas con los ordenadores… - Observó sin apartar la vista de mi currículum.
- Si. Me gusta la informática.
“Tantos años y aún no lo sé con certeza”
La entrevista fue fluyendo con naturalidad y no me sentía incómodo frente a Matías, quien transmitía seguridad y confianza. La conversación se alargó diez minutos más antes de que le tocara el turno a Matías hablar sobre el puesto:
- Bueno Sergio, como ya te habrían dicho por teléfono, el puesto de trabajo es para cubrir una plaza como crítico en una sección de tema de sociedad y actualidad. Se publica un artículo tres veces a la semana. Lunes, miércoles y viernes. El salario aproximado es de unos trescientos euros, ya que solo trabajarías doce días al mes. Y el tipo de contrato sería de sustitución para cubrir una baja por maternidad por cuatro meses. – Explicó Matías.
“Estoy muerto”.
Matías acordó que me llamaría. Lo típico de siempre.
Cuando llegué al portón del piso, me crucé con Judith:
- Hola Sergio, ¿qué tal?
- Bien, acabo de venir de una entrevista de trabajo.
- Ah mira qué bien, ¿Y de qué era el trabajo?
- Para escribir artículos en un periódico.
- Vaya, pues espero que tengas suerte.
- Si… - Dejé en el aire.
Entré en casa, encendí el portátil. Volví a leer el nuevo correo de esta mañana. Me quedé vacío, sin saber qué hacer. No sabía quién estaba escribiendo esos correos. Pero tenía dos pistas, me conocía, y estaba cerca. Decidí seguirle el juego. Continué siguiendo con las instrucciones. Por lo menos así me garantizaba de tener los cuatro días que me quedaban para pensar qué hacer y buscar una solución. Escribí un nuevo correo. Cuando recibí el mensaje de confirmación de lectura, volví a derrumbarme.
Aguanta, ahora no.
Por la noche decidí salir a tomarme una copa, pasé por al lado de la discoteca a la que había ido el fin de semana pasado. Tal vez esté…
Entré. Había poca gente, hablando y tomando copas tranquilamente. Las hienas no llegarían hasta medianoche.
Allí estaba.
Me acerqué a la barra donde se encontraba. Me sonrió en cuanto me vio. Le devolví la sonrisa. “Al menos aún tengo fuerzas para sonreír”. Sin decirle nada, me sirvió un White Label con Cola. Estaba claro que todavía se acordaba de mí. Al final iba a ser una ventaja llevar el pelo rapado. Aunque me haga más feo de lo que ya soy, al menos así resulta más fácil quedarse con mi cara.
- ¿Otra vez por aquí? ¿Eh? – Preguntó para entablar conversación.
- Claro, si no conozco otro sitio. – Bromeé.
Mentira, venía a verla.
Le hablé de que estaba escribiendo un libro cuando me preguntó a qué se debía mi estancia en Murcia. Le pregunté si conocía a Paulo Coelho, por eso de que es un escritor brasileño. Me dijo que sí, había leído “Once minutos”. Le recomendé “El Alquimista” y “Verónika decide morir”.
De repente, alguien me puso la mano en el hombro y me zarandeó suavemente. Era Anastasio, con cara de veinte cervezas, acompañado de dos amigos más con las mismas caras:
- ¡Hemos ganado! – Gritó emocionado.
- ¿Qué? – Dije desconcertado.
- ¡Pijo el Barcelona! ¡Partido de la copa de Europa! ¿En qué mundo vives?
- Enhorabuena, no sabía que había partido.
- ¡Claro! ¡Tendría que habértelo dicho antes para que te hubieses venido a mi casa a ver el partido!
- No importa, no me gusta mucho el futbol. Además soy del Madrid.
- ¡Anda ya! ¡Como mi mujer! La pobre se ha perdido por ahí porque ya no aguantaba ver más goles del Barcelona.
- ¿Se fue? ¿A dónde? – Pregunté.
- ¡Yo que sé! Lleva unos días que se va por ahí sin decir nada a la hora que le apetece.
- Lleva cuidado Anastasio, a saber qué estará haciendo. - Le dije lanzándole la indirecta.
- ¡Qué cabrón eres!
Regresé a casa.
Encendí el portátil.
Abrí el correo.
Mensaje nuevo. Era de Paula.
No recuerdo cuanto tiempo estuve llorando.
Conócete más a tí mismo... ¿Alguna vez acabamos conocíéndonos completamente?
Nota del autor: Me tomo un tiempo de descanso con la historia para escribir otras inquietudes que se me vayan ocurriendo y que me gustaría publicar. Los capítulos continuarán pero dentro de un tiempo...
Perdón por las molestias