DIARIO DE OTRA REALIDAD - Llantos de otra realidad - Parte 15
LLANTOS DE OTRA REALIDAD
Parte 15
Paula dormía en mi cama. Yo no lograba que el sueño me llamara. Así que agarré el portátil y me fui al salón. Me senté al lado de Sergito. Comencé a escribir. ¿Qué escribo en un momento así? Me sentía como una marioneta manejada por la ansiedad. No la cagues Sergio. No puedo. No puedo de verdad. Aguanta… No tengo que aguantar algo que no quiero hacer de verdad.
No es lógico.
Bajé a la tienda de los chinos.
- Un Fortuna.
Respiré tranquilo.
“Eres patético”.
Me fui a la máquina de preservativos que había en la farmacia al otro lado de la manzana. La calle estaba desértica en la oscuridad. Saqué una caja. Extraje todos los preservativos.
De vuelta al piso, fui dejando un preservativo sujeto al parabrisas de cada coche que había aparcado. Como si fuesen papeles de propaganda. Nada más entrar a casa, trasladé todos los cigarros a la caja vacía de preservativos. Me quedé mirando la caja con todos los cigarros.
“Sácalos”.
- No.
“Sácalos”.
- No puedo.
“Qué poco te quieres”.
- Ahora verás…
Saqué todos los cigarros. Volví a romperlos bajo el agua del grifo de la cocina.
Pero había dejado uno.
“Casi lo consigues”.
- Éste es el último, conciencia.
“Un fumador es un fumador siempre que la situación se pone fea”.
- Eso lo veremos.
Volví al portátil. Encendí el cigarrillo. Sergito me miró. Me levanté y fui a la cocina, cogí una bolsa del último cajón. Le cubrí completamente la cabeza.
“No me toques los cojones”.
Abrí el directorio con todas las carpetas de las fotos, Tal vez recordando viejos tiempos, épocas, momentos... podría distraerme.
En lo más profundo del álbum de fotos, vivía una foto con mi pareja. Joder. Van a pasar años y todavía seguirán saliendo cosas a flote, cuando no son los cabellos que se quedaron enredados en el cepillo de mi cuarto de baño, son las notitas románticas que descubres entre la pila de folios de apuntes del instituto, o… déjalo ya.
Borré la foto al tiempo que le daba una calada al cigarrillo.
Necesito escuchar mi canción, necesito motivarme. “Llantos de otra realidad”, de Red Wine. Bajé el volumen para no despertar a Paula. Escuché la letra con atención como tantas veces había hecho desde que todo acabó:
Las voces se apagaron ya
Al fin puedo retornar
Y observar el mundo con atención...
Mas nunca paré de pensar
Que fue un sueño y qué real
La verdad jugando con la ilusión...
Las paredes arderán
Transformándose en cristal
Y ese humo blanco me llevará...
Al lugar donde no fuí
Al recuerdo que perdí
Al instante que dejé de vivir...
El pasado nunca fue
El futuro no veré
El presente atormenta mi fe...
Y aunque todo acabe aquí
Todo volverá a empezar
Y en mil almas luces renacerán...
Hoy las torres de marfil
se alzan ya en otro lugar
Donde otras las puedan admirar...
Mas aún hay puertas que cruzar
Y aunque allí quise morir
Sé que un nuevo mundo me esperará...
¡Cuántas veces escuché
La llamada de aquel lugar!
Pero hoy sueños y locura son nada más...
Son llantos de otra realidad
Volví a la habitación para ver a Paula. Seguía durmiendo. Me senté en la silla del escritorio y estuve el resto de la noche pendiente de ella. Joder, ya está bien de pensar en mis tonterías. Tenía que velar por el bienestar de una persona. Es más importante.
Cinco horas después. Comenzó a amanecer. Paula se despertó. Tras desperezarse como una niña se sorprendió al verme ahí sentado, vestido, mirándola. Apoyado sobre la mesa como un estudiante aburrido de escuchar al profesor.
- ¿Hace cuanto que te has levantado?
- Media hora. – Le mentí. – ¿Cómo te encuentras?
- Todavía tengo dolores en el estómago de toda la tensión acumulada.
- Te haré una manzanilla.
- Gracias.
Mierda, no tenia manzanilla. Bajé al bar que hay al lado de mi casa, le pregunté al camarero si me vendía una bolsita de manzanilla. Me la regaló. Le di las gracias.
Paula se fue a mediodía. En cuanto sus mejillas coloradas y sus ojos rojos cobraron su color y aspecto normal. Tan parecida como una vela recién apagada, dejando un hilillo de humo de tristeza. Así pasó las horas. Inerte en el sofá. Cabizbaja, sujetando la manzanilla hasta que el vaso vacío se enfrió entre sus dedos. Le diría a Paulo como excusa que había pasado la noche en casa de una amiga. No me aparté de su lado. Pero no dije nada. Solo podía hacer que no se sintiera tan sola en esos momentos.
Miré la bandeja de entrada de mi correo.
Nuevo mensaje.
"¿Quieres conocer al demonio? Cómprate un espejo, asómate, es tu reflejo"
Los Suaves