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13 Feb

ENTRE EL ORO Y LA MUERTE - Escena 3

Publicado por Sergito  - Etiquetas:  #Historia: "Entre el oro y la muerte"


Entró en la casa de citas. Un local que se asemejaba al saloon pero más elegante y con menos clientes. Vaqueros con buena ropa que reflejaban su buen capital, y hombres de negocios que habían venido al pueblo para cerrar tratos. La mayoría estaban emparejados con damas pintadas que llevaban elegantes vestidos de colores con enormes escotes provocativos. Sergio miró con atención a su alrededor para localizar a Thomas, pero ninguno le recordó al dibujo del cartel. La camarera de la casa de citas lo recibió con amabilidad antes de preguntarle lo que deseaba tomar:

-    Whisky, por favor. – Contestó Sergio.

      Mientras la camarera le servía el whisky en un vaso ancho de cristal tallado, una mujer de largo cabello negro ondulado y con un cuidado vestido en tonos violetas y negro, se le aproximó sensualmente hasta situarse a su lado, buscando lentamente el contacto físico:

-    ¿Te apetece compañía, forastero? – Insinuó la mujer.

-    ¿Te llamas Thomas Parker? – Preguntó Sergio.

-    No… ¿Cómo voy a llamarme así? - Respondió descolocada.

      Ocultando sus ojos con el ala de su sombrero mientras buscaba un cigarrillo. Sergio no pudo evitar fijarse en el voluminoso y elevado escote de la mujer. Tras encendérselo, volvió a alzar la mirada, centrándola en los grandes ojos verdes de aquella dama de la noche.

-    Entonces no. – Zanjó Sergio.

-    Vamos forastero, guapetón. Descansa un poco de tu trabajo y diviértete conmigo, nos lo pasaremos muy bien. – Le provocó la mujer mientras se le aferraba más y le acariciaba la entrepierna a Sergio.

-    Busco a Thomas Parker, me han informado que se encontraba aquí. – Respondió sin caer en el juego de la mujer.

-    No sé quién es. Por aquí poca gente dice su nombre.

      Sergio sacó el cartel y lo desenrolló con disimulo bajo la barra para no llamar la atención. La mujer miró el dibujo del hombre y cambió de expresión:

-    Está allí. - Dijo señalando con la barbilla hacia una esquina del local.

 

      Thomas Parker estaba con otra dama sentada sobre su regazo. Rodeándola por la cintura con sus brazos. Al tiempo que tonteaban físicamente y reían mientras él se enfollonaba de whisky y le manoseaba el escote. En cualquier momento y cuando la mujer se aburriera, le propondría que subieran a una de las habitaciones de la planta de arriba. Si no lo hacía antes Thomas, que por la pinta de idiota y de mujeriego que tenía, explotaría en cualquier momento. Sergio dejó de mirarlos para evitar calentarse observando aquella escena y se centró en lo que tenía que estar.

 

-    Vamos a tu habitación – Ordenó Sergio.

-    Claro. – Respondió ella tras sonreir, feliz de haber logrado cambiar el interés de Sergio.

      La camarera, que estaba con la oreja puesta, le echó un guiño a la dama antes de que se fueran, como felicitación por haber logrado atrapar a un cliente. Sergio la seguía sin dejar de mirar a Thomas hasta que la barandilla de las escaleras le tapó el campo de visión. Recorrieron el pasillo de puertas que habían a ambos lados, hasta llegar a la última de la derecha. Ella pasó después de Sergio, cerró la puerta con llave, y en cuanto se dio la vuelta, Sergio la estaba apuntando con su revólver:

-    Cuando suba Thomas Parker, haz lo que sea para traerlo hasta aquí.

      Tras un rato los dos en silencio, se empezaron a escuchar las risas de Thomas y su compañera por el pasillo, la dama que estaba con Sergio, salió de la habitación:

-    Vuelve abajo, de éste me encargo ahora yo. – Le dijo a su compañera.

-    ¡Sí! ¡Mejor! ¡Tú estás más buena que ésta sucia paloma! – Respondió Thomas sin quitarle ojo a su escote.

      Su compañera no puso impedimentos, pues le resultó tan repulsivo aquél tipo, que le hizo un favor al quitárselo de en medio. Volvió de nuevo a la habitación con Thomas. Él la manoseaba perdido por el alcohol, la dama logró zafarse de él y se metió detrás del biombo que había al otro lado de la habitación:

-    Cierra la puerta y quítate la ropa, enseguida estaré contigo. - Dijo ella mientras se quitaba los complementos del vestido.

      Cuando Thomas se volvió apresuradamente para cerrar la puerta, ésta se cerró por sorpresa con un violento golpe, descubriendo a Sergio que se escondía detrás, y apuntándole con su revólver. Thomas se quedó paralizado:

-    Vamos, quítate la ropa como te ha dicho la señorita. – Le animó Sergio.

-    ¡Bastardo! ¿Cómo te atreves? ¡Irás a la horca si matas a un pobre ciudadano! – Le amenazó Thomas.

      Sergio buscó bajo su poncho sin quitarle el ojo de encima, sacó el cartel, y lo estiró de una sacudida para que lo viera Thomas:

-    Pues el pobre vale mil dólares, y pone que lo quieren vivo o muerto. – Respondió Sergio.

 

      Thomas vio su retrato en el cartel. Empezó a sudar, le habían tendido una encerrona para capturarlo. Se quedó quieto maldiciendo a Sergio en silencio:

 

-    Así que elige. Vivo o muerto. – Prosiguió.

      La dama contemplaba la escena por encima del biombo sin decir ni una palabra. Thomas retrocedió lentamente para tomar posición y distancia con la intención de que le diese tiempo a desenfundar y disparar. Sergio salió del rincón y avanzó hasta situarse a la altura de Thomas. La tensión crecía en el interior de los tres. La dama miraba de reojo a ambos lados para estar pendiente de las reacciones tanto de Sergio como de Thomas. Los segundos iban pasando. Sergio esperaba, sin descuidar su atención, a la reacción de Thomas, mientras que éste buscaba el momento oportuno para tomar ventaja sobre Sergio.

      De pronto, alguien golpeó repetidas veces la puerta de la habitación, y se oyó la voz de una mujer, preguntando si estaba libre. Thomas aprovechó el descuido de Sergio por los golpes en la puerta, y rápidamente fue a desenfundar el revólver para disparar. Los reflejos de Sergio fueron más veloces para apretar a tiempo el gatillo. Pero se interpuso un potente disparo que salió desde el biombo, lanzándolo por el aire hecho trozos, y alcanzando a Thomas antes de que pudiese disparar. Afuera saltaron gritos de espanto que se perdían en dirección a la planta de abajo pidiendo auxilio. Sergio miró a la dama, quien postraba con su rifle Henry, sin dejar de vigilar el cuerpo ensangrentado de Thomas, por si aún seguía con vida:

-    Tranquila Judith, está bien muerto. – Intervino Sergio.

-    Casi se nos va de las manos por culpa de esa zorra. – Dijo Judith.

-    La próxima vez no les daré tiempo a que se lo piensen.

-    Llévate el cadáver y pon un poco de tranquilidad abajo, mientras termino de cambiarme.

-    Me parece bien. – Sergio sacó una cerilla, y se encendió de nuevo el cigarrillo de la boca que lo llevaba apagado hace rato. Cargó el cuerpo muerto de Thomas al hombro, salió de la habitación y antes de cerrar la puerta, le hizo una confesión a Judith. - ¿Sabes? Nunca termino de acostumbrarme a verte las tetas. - Ella le arrojó un zapato de tacón, que golpeó tarde en la puerta cerrada.

 

armas


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Acerca del blog

Entrar en mi Blog, es como encontrar cada noche y en el mismo rincón de un callejón sin salida, un baúl lleno de historias y pensamientos de un desconocido. Si lo abres con frecuencia, llegarás a conocerlo a través de sus palabras.