¿Y AHORA DONDE ESTAN LAS CARTAS DEL AYER?
Extraño mucho el correo. A veces siento ganas de escribir algún correo a cualquier persona que se me ocurra y a la que pueda preguntarle cómo está y mostrar interés por su vida, a la que pueda contarle sobre la mía, a la que pueda decirle que espero con impaciencia su respuesta…
Pero esas ganas se pierden cuando veo como está hoy en día la comunicación social en general, y la verdad, te sientes estúpido si haces algo así: Mensajería instantánea, redes sociales, mensajes a móviles, chats, páginas de contactos, juegos on-line, simuladores de vida… Añadiría el teléfono, pero es que el teléfono va por los mismos caminos que el correo. Preferimos estar sin saber durante meses de algún conocido, antes de molestarnos en ir un momento a la sala de estar, coger el teléfono y llamarlo para saber qué es de su vida. ¿Para qué? Ya me lo cruzaré alguna vez por cualquier sitio de Internet, y entonces podremos decir: “¡Hombre! ¡Cuánto tiempo! ¡Por fin ya tienes internet! ¡Ahora podremos hablar cuando queramos!”.
Mi experiencia con el correo convencional ha sido bastante amplia a lo largo de toda mi infancia. El primero de ellos fue mi mejor amigo del colegio. Se tuvo que mudar a Murcia capital por el trabajo de sus padres. Pero mantuvimos el contacto por carta durante varios años. Nos gustaban mucho los juegos de ordenador, y siempre nos mandábamos en sobres de burbujas juegos en disquetes, acompañados de cartas donde nos contábamos cosas de nuestras vidas: nuevas aficiones, anécdotas, promesas que nunca se llegaron a cumplir...
Otra de mis experiencias fue con la primera chica que me enamoré en el colegio. Fue de una manera bastante curiosa. Os lo cuento porque llegó a empezar de una forma bastante especial:
(Una hora después)
Creo que visto lo escrito, desvío mucho del propósito de este artículo, y pienso que sería más idóneo publicarlo en el próximo artículo, ya que es algo que me resulta especial de contar y prefiero que sea en un artículo exclusivo sin que se mezclen otros temas.
Cuando tuve por primera vez Internet, allá por el 97. Conocí a mucha gente y no solo de todas partes de España, sino también de otros países. Me he “carteado” con gente de Valencia, de Barcelona, de Francia, incluso con gente de Cuba entre otros países. Ahora todo eso no tiene mérito ninguno. Y suena hasta ridículo decirlo. Pero hace más de 10 años eso resultaba ser emocionante. El pensar de que una carta de tu puño y letra está cruzando el atlántico, no sabes si en barco o en avión, para llegar a un destinatario. No se puede definir en una palabra, lo he estado pensado durante unos minutos y no hay palabra que describa lo que se siente.
Y no quiero decir que no me guste el correo electrónico, también me encanta para cartearse, porque te ahorras dinero y tiempo. Pero es que ni para eso lo utilizamos, solo para enviar “tonterías”.
Ahora ya todo eso se ha perdido, los únicos que se acuerdan de enviarnos cartas son las contribuciones, y no para alegrarnos el día precisamente.
En serio lo digo, me gustaría que algún día, alguien, que lo sienta de verdad, me escribiera una carta. O un correo electrónico, para no pedir “tanto”, da igual. Pero que me cuente cosas de su vida en general, que me pregunte cosas. Y si tanta “vergüenza” da, empezaría yo.
Bueno, sobre este tema podría extenderme todo lo que quisiera, pero entonces se convertiría más en una crítica que en un mero suspiro de decir que echo de menos las cartas de toda la vida.
Se despide con un fuerte beso y un gran abrazo:
SERGITO
P.D: ¡Escribe pronto! :-)
