LAS NUBES Y MI YO INTERIOR
Hoy he ido a hacer senderismo con un amigo, tenía ganas de experimentar algo nuevo. Me ha venido en el mejor momento, porque necesitaba desconectar un poco de todo.
Con la mañana soleada y cargados con nuestras mochilas, caminábamos por senderos, hablando de nuestras cosas mientras nos dirigíamos a nuestro objetivo, subir hasta la cima del Roldán, uno de los montes más altos de Cartagena. Tras un largo paseo saludando a otras personas que nos cruzábamos en el camino con el objetivo cumplido, y con un buen surtido de cáscaras de naranja por el camino, (la naranja, es el fruto por excelencia de todo aficionado al senderismo, si no llevas una naranja no es lo mismo), hicimos una parada en un mirador con vistas al mar. El brillo del agua que se reflejaba proyectado por los rayos del sol eran espectaculares, y el horizonte se camuflaba en una banda de niebla que hacía imposible saber dónde terminaba el mar y donde empezaba el cielo.
Retomamos el paseo, esta vez ya la pendiente era mayor y el camino mucho más complicado, por lo que el cansancio enseguida volvió a manifestarse, pero las ganas de subir y disfrutar de las vistas hacían seguir sin pensar en hacer otra parada más hasta la cima.
Llegamos por fin a la cima con la lengua fuera, pero contentos. En la cima había un cuartel abandonado y estuvimos paseando por la zona hasta encontrar un sitio en los tejados agujereados para sentarnos y comer con vistas al mar. Después de comer, seguimos investigando un poco la zona hasta que en un momento dado, empezamos a ver humo, fuimos para saber de dónde venía, y cuál fue nuestra sorpresa que no se trataba de humo, sino de una nube helada que estaba cubriendo poco a poco toda la zona en la que nos encontrábamos. El frío que portaba la nube era insoportable y tuvimos que abrigarnos con todo lo que pudimos, la visibilidad se volvía a ratos completamente nula, imposible de ver más allá de unos pocos metros. No es algo que suela pasar y por eso fue un momento bastante emocionante, ya que nunca había tocado y sentido una nube en mi cuerpo. Ahora ya lo sé.
Cuando ya la nube perdió fuerza y la visibilidad volvía a retornar, aprovechamos para irnos a otro punto donde había un pequeño puesto de vigilancia de piedra en el borde de la cima. Nos subimos a la parte de arriba del puesto, y sentados con los pies colgando, disfrutamos de nuevas vistas y de la sensación de que estás volando. Las nubes volvieron a hacer su aparición cubriendo parte de las vistas.
El frío de las nubes volvía a penetrar en nuestros huesos, fue el momento ya de iniciar la bajada para volver a casa tras cinco horas de aventura por la naturaleza. Qué decir de la experiencia, te hace sentirte mejor y más grande contigo mismo, te olvidas de las preocupaciones y solo piensas en encontrarte a ti mismo. El sentimiento que se define como soledad, se produce cuando nos separamos de nuestro yo interior y estamos más pendientes del exterior que de nuestro interior. Por eso, ésta experiencia me ha beneficiado positivamente. Volveré a repetir, y espero que pronto.
Fotografía plasmando uno de los momentos relatados